Viajar sola a Alaska, auroras boreales y 'mushing' en Fairbanks
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Alaska es uno de esos destinos a los que la exigencia del viaje no solo no le resta interés sino que, poder vivirlo en primera persona y en un entorno tan distinto, se convierte en un aliciente más. Sania Jelic ha viajado sola a Alaska y en este artículo nos cuenta cómo ha sido su paso por Fairbanks, uno de los lugares con las auroras boreales más intensas del mundo y donde el mushing, la tradición de desplazarse en trineos tirados por perros, es casi una religión.

Hay viajes que nacen del deseo que generan otros viajes. Y mi viaje a Alaska comenzó en Noruega en 2023 cuando vi mis primeras auroras boreales y supe que no serían las últimas. Por eso, cuando surgió la oportunidad de hacer un viaje breve a Estados Unidos, no lo dudé: pondría rumbo al norte, hacia Fairbanks, considerada una de las capitales mundiales de las auroras. Allí me encontré con varias sorpresas que iban más allá de esos bailes hipnóticos de luces verdes y que tenían que ver con la resistencia a un clima hostil y en cómo vivir bajo cero.
La desconocida Alaska
Alaska no es un lugar fácil de definir. Es el estado número 49 de Estados Unidos, tres veces más grande que España y con apenas 800.000 habitantes. De ellos, casi la mitad se concentran en Anchorage, mientras que la capital, Juneau, queda al sur, más cerca de los fiordos que del hielo interior.
Pero las cifras no cuentan la historia completa. En Alaska conviven más de 230 pueblos indígenas y se hablan unas 22 lenguas distintas. Es un territorio de diversidad cultural, pero también de extremos físicos.

La llegada a Fairbanks
Nada más llegar al aeropuerto de Fairbanks, pasada la medianoche, el termómetro marcaba 29ºC bajo cero. Como de costumbre, tenía el billete de ida, alojamiento reservado para unos días y un objetivo claro: ver auroras boreales y experimentar un paseo en trineo tirado por perros husky.
Ya en la puerta de embarque había percibido que este no era un viaje convencional. Nada de maletas elegantes ni ropa urbana, sino botas para hielo, parkas técnicas y mochilas de montaña. Hombres con barba áspera y piel curtida. Mujeres de gesto serio. En Alaska no hay espacio para la frivolidad. Nadie usa tacones. Aquí la estética es supervivencia.
Me habían dicho que me diera prisa en coger un taxi porque había pocos. Y así lo hice. Mi alojamiento estaba a las afueras de Fairbanks, en una casa rodeada de nieve. La elegí por una razón muy concreta: poder ver auroras sin moverme demasiado. Además, cerca estaba el Billie’s Backpackers, un hostal donde, como suele ocurrir, acabas encontrando compañeros de aventura improvisados.

Para el frío extremo, había invertido en una camiseta de lana merino y un pantalón térmico. La mejor decisión del viaje. En el alojamiento me prestaron botas “de verdad”, con las que pude moverme perfectamente durante todo el viaje.
Hay que decir que durante mi estancia se confirmó algo extraordinario: el invierno 2025-2026 había sido el más frío jamás registrado en Fairbanks desde 1904. Con una temperatura media de 25ºC bajo cero, 31 días por debajo de 40ºC bajo cero y más de dos metros de nieve acumulada (el duodécimo invierno más nevado en los registros).
Qué ver en Fairbanks
Fairbanks, con unos 33.000 habitantes, no tiene un centro urbano al uso. Es una ciudad extendida, funcional, nacida de la fiebre del oro en la confluencia de los ríos Chena y Tanana, 300 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico. Es más bien un centro logístico que una ciudad pensada para pasear.
Aquí, todo gira en torno a la supervivencia: abastecimiento, educación, transporte… Incluso el sistema de autobuses (cinco líneas con poca frecuencia) parece adaptado a un ritmo distinto. Sorprende encontrarse en ese intercambiador de autobuses a personas sin hogar que se refugian del paisaje y el clima extremo.
Aunque no es una ciudad monumental, Fairbanks tiene algunos puntos interesantes como el Museo del Norte, con proyecciones sobre auroras y algunos fósiles de dinosaurios, y el pequeño Dog Mushing Museum. También merece la pena acercarse al Morris Thompson Cultural and Visitors Center, donde conocer un poco más sobre la historia del lugar y recibir una completa información turística. En la ciudad, destaca el campeonato mundial de arte de hielo (World Ice Championship), el más grande del mundo, que se celebra desde mediados de febrero hasta finales de marzo.

Mushing, el arte de desplazarse en trineo de perros
Si hay algo que define Alaska en invierno, es el mushing: el arte de desplazarse en trineo tirado por perros, cuya historia se expone en el Community Museum/Dog Mushing Museum.
Los trineos con perros se han heredado de los pueblos nativos de Alaska, que durante siglos dependieron de ellos para cazar, transportar suministros y moverse entre asentamientos en los largos inviernos. El mushing es hoy tanto deporte de élite como patrimonio cultural vivo.
Las carreras más famosas son Iditarod (de Anchorage a Nome) y el Yukon Quest (entre Fairbanks y Whitehorse), ambas de casi 1.000 millas de distancia. El Iditarod nació en 1973, inspirado en un episodio real de 1925, cuando una epidemia de difteria amenazó la ciudad de Nome. Un relevo de mushers y perros recorrió más de 1.000 kilómetros en condiciones extremas para llevar el antídoto. El héroe mediático fue Balto, el husky siberiano que lideró el tramo final, aunque fue Togo, con 261 millas recorridas por el terreno más peligroso, el verdadero motor de la operación. Balto fue conducido por Gunnar Kaasen en ese trecho final, bajo condiciones de ventisca tan cegadoras que el propio Kaasen declaró a los periodistas: “No podía ver el camino. Muchas veces ni siquiera podía ver a mis propios perros. Le di la cabeza a Balto y confié en él. No vaciló ni una sola vez. Fue Balto quien encontró el camino”.

El escultor Frederick Roth inmortalizó a Balto en una estatua de bronce inaugurada en el Central Park de Nueva York en diciembre de 1925. Su pedestal lleva grabadas tres palabras que resumen el espíritu del mushing: Endurance · Fidelity · Intelligence.
La otra gran carrera de trineos, considerada la más dura del mundo, el Yukon Quest, nació en Fairbanks en 1983. Su ruta sigue los caminos de la fiebre del oro de Klondike y las antiguas rutas de correo. Es una carrera tan dura que alrededor de un tercio de los participantes no logra terminar.
Las mujeres han sido protagonistas en las carreras desde el principio. Las primeras en cruzar la meta del Iditarod fueron Mary Shields y Lolly Medley en 1974. En 1985, Libby Riddles se convirtió en la primera mujer en ganar, saliendo sola en medio de una tormenta feroz cuando el resto de los competidores esperaban refugiados. Le siguió Susan Butcher, primera persona en ganar cuatro de cinco ediciones consecutivas del Iditarod entre 1986 y 1990. Es tan legendaria que Alaska declaró el primer sábado de marzo como el Día de Susan Butcher. En el Yukon Quest, la única campeona ha sido Aliy Zirkle, residente de Two Rivers, en el año 2000.
Excursiones desde Fairbanks
Auroras boreales
El mejor punto de avistamiento suele ser el Murphy Dome, a unos 30 kms de carretera de Fairbanks. Se puede ir por cuenta propia o en excursión contratada, pero suele haber mucha gente, lo que afecta a la experiencia. Yo opté por una opción más cómoda, contratar la excursión con la agencia Aurora Camp, que han construido una cabaña en el claro de un bosque, con ventanales orientados al norte. Facilitan snacks, bebida caliente, baño y un fotógrafo profesional. A 25ºC bajo cero, la comodidad importa. De las 22 a las 3 horas repetimos el mismo ritual: salir al frío, mirar el cielo, volver a entrar, calentarse, compartir fotos, salir otra vez. La aurora no decepcionó. Venía fuerte y se veía la franja verde a simple vista. Hay veces que aparece como neblina y sólo se perciben los colores, que van del verde al rosa, a través de la lente de la cámara de fotos o del móvil.

Calor en el hielo
A unos 100 kilómetros de Fairbanks se encuentra Chena Hot Springs, un balneario con piscina termal al aire libre y centro de actividades en mitad de la nada. El trayecto, de casi dos horas, es ya una aventura. La carretera helada exige concentración constante, y no es raro encontrarse con alces.
En el resort hay un bar de hielo (la entrada son 20$ y la bebida otros 20$), un solo restaurante, sala de observación de auroras y un centro de actividades donde se pueden contratar excursiones, como un tour para ver auroras o un paseo en trineo tirado por perros. El espacio de los perros se puede visitar sin coste.
Ahí no hay cobertura de móvil y el internet en el hotel es muy débil. A menudo hay cortes de electricidad y cuentan solo con una tienda de souvenirs, por lo que conviene llevar todo lo necesario.
Paseo en trineo tirado por perros
Era el momento más esperado del viaje. Hice la excursión con Amanda Henderson, la fundadora de Last Frontier, the Mushing Co-op. Bióloga de formación, dejó la vida en el mar para dedicarse a los huskies en Alaska. Su proyecto es totalmente sostenible. Vive con su pareja off the grid, sin conexión a red eléctrica ni agua corriente, en un terreno en el bosque, a medio camino entre Fairbanks y Chena Hot Springs. Han importado una yurta mongola para acoger a los visitantes.

Los precios de los tours son altos, pero lo entiendes cuando te cuentan el coste real del mushing: unos 1.300 dólares por perro al año y entre 30.000 y 60.000 dólares por criadero, dependiendo del número de perros. A lo que hay que sumar el equipamiento y la inscripción para las carreras y el mantenimiento del terreno. Y solo se trabaja en invierno, el resto del año es inversión sin retorno.
Amanda tiene más de 20 perros, pero según el volumen de reservas invita a los vecinos criadores para colaborar con ella. Además, acoge a los perros que ya no participan en carreras. El paseo en trineo, entre bosques nevados y silencio absoluto, es simplemente mágico. No hay motores, no hay ruido. Solo el deslizamiento sobre la nieve y la respiración de los perros.
Trekking al Glaciar Castner y la Cueva de Hielo
Otra experiencia imprescindible es el trekking al glaciar Castner, a unas dos horas de Fairbanks. El recorrido, de unos cinco kilómetros, conduce hasta una cueva de hielo espectacular, donde las paredes azuladas parecen absorber la luz.
En el camino de vuelta se realiza una parada curiosa: Santa Claus House, una tienda temática navideña en medio del paisaje helado.

Guía práctica
Como llegar a Fairbanks
A Fairbanks se llega en avión desde Anchorage o Seattle. También se puede ir en el tren panorámico Aurora Winter Train desde Anchorage, en un recorrido de 12 horas que funciona dos veces por semana. Las grandes ventanas permiten una vista completa del escenario invernal, que con suerte incluye las auroras. El tren hace varias paradas por el camino y se ofrecen paquetes que combinan el vuelo y tren.
Cómo moverse
Lo mejor es alquilar un coche, da la mayor libertad, pero hay que saber conducir sobre hielo. Es recomendable hacer la reserva con antelación, operan todas las compañías habituales, además de la web de Turo.
Puedes moverte por Fairbanks en taxi: Arctic taxi: +1(907)452-2222; Fairbanks Taxi Services: +1(907)455-0000.
Existe Uber, aunque el servicio es escaso. Para contratar conductores de confianza es mejor buscarlos a través del alojamiento.
Excursiones
En la web de Explore Alaska puedes buscar distintos proveedores de excursiones.
Uso del móvil
Antes del viaje comprueba si tu operador de telefonía móvil en origen incluye roaming en EEUU y cuáles son las condiciones. Si no, comprar una e-sim. La empresa Saily tiene buena cobertura.
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