Del cuaderno de viaje a 30 poemas ilustrados al óleo: el mundo visto por Alicia Aradilla
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Basta asomarse a las páginas de los libros ilustrados de Alicia Aradilla para entender que esta artista extremeña posee el don de detener el tiempo en cada una de sus obras. Atrapar la belleza de un instante en sus cuadernos de viajes se ha convertido en un modo de vida que compagina con sus clases de acuarela y otros muchos proyectos. En esta entrevista nos habla de sus comienzos, de sus sueños y, también, de su último libro: ‘La vuelta al mundo en 30 poemas’, una auténtica joya editada por Lunwerg donde la pintura al óleo y la poesía se dan la mano.

Pintora, profesora y autora de libros ilustrados de viajes, la trayectoria de Alicia Aradilla tiene mucho de inconformismo, de amor por el arte y de pasión por viajar. Formada en Bellas Artes y con experiencia como diseñadora gráfica y directora de arte en publicidad, su carrera profesional se podría haber seguido desarrollando de forma rutinaria en una oficina de nueve a seis, pero un largo viaje lo cambió todo. Desde ese momento, no ha parado de explorar el planeta ni de inmortalizar en sus cuadernos las escenas y paisajes que se ha ido encontrando.
De su trabajo fascina el gusto por el detalle, la delicadeza de cada trazo, la paz que ella misma transmite y que comparte en su perfil de Instagram, su primera “galeria de arte”, como le gusta decir. Aunque esta artista es conocida, sobre todo, por sus acuarelas, ahora sorprende con un impecable trabajo al óleo en el libro: ‘La vuelta al mundo en 30 poemas’, en el que lleva al lienzo las emociones que le despiertan los poemas seleccionados.

De profesión: artista y viajera
Alicia, ¿tu formación en Bellas Artes ha influido a la hora de mirar el mundo?
Cursar Bellas Artes te abre los ojos y te enseña que las cosas no se consiguen de un día para otro. Tener unos plazos de entrega y horarios también es importante para crear una rutina en el trabajo y hacer de tu vocación una profesión. Al mismo tiempo, me ha ayudado a aprender de otros artistas, a comprender que una misma realidad (paisaje, retrato, objeto…) puede tener muchas interpretaciones y me ha servido para contar distintas historias. Eso te enriquece y te aleja de esa visión única, homogénea que tienen muchos turistas hoy en día.
¿Cuándo decidiste dedicarte por completo al arte dejando a un lado un trabajo convencional?
Mi pasión por el arte siempre ha estado presente y la he desarrollado incluso durante mi etapa en agencias de publicidad, donde mezclaba mis conocimientos en diseño gráfico con la ilustración. Pero el viaje que hice entre 2017 y 2018, en el que recorrí una veintena de países y realicé cerca de 700 ilustraciones, me cambió por completo. Tanto a nivel personal como profesional.
Ahí encontré mi vocación, que era viajar y capturar la esencia de los lugares que recorría en mis cuadernos. Me di cuenta de que tenía que perseguir ese sueño y cuando empecé a generar ingresos estables (a través de mis clases de acuarela y mis campañas en redes sociales) me lancé a esta aventura.

¿Cuál fue el recorrido de ese viaje que te cambió la vida?
Empezamos aquel viaje en Irán, después seguimos la ruta del Transiberiano desde Moscú hasta Mongolia y China. Y continuamos recorriendo todo el Sudeste Asiático antes de volver a casa, con alguna parada previa en India y Jordania, entre otros países.
Hiciste ese viaje acompañada. ¿Te planteas viajar sola?
Suelo viajar acompañada porque lo disfruto más. Creo que compartir esos momentos con otra persona enriquece la experiencia. Llevo viajando con mi marido, Sergio, desde que nos conocimos, hace cerca de 20 años y hacemos un muy buen equipo. Pero por otro lado también creo que viajar solo te obliga de alguna forma a esforzarte más por conocer a gente nueva y eso también me parece muy enriquecedor desde la perspectiva del viajero.
¿En qué destino te diste cuenta de que tu cuaderno de viaje no era un pasatiempo?
Fue, sin duda, en Marrakech, en el año 2015. Había viajado a esa misma ciudad dos años antes para intentar hacer mi primer cuaderno de viaje en acuarela y fue un fracaso total. No había trabajado nunca con esa técnica y mis expectativas eran tan altas que al ver el resultado me desanimé. Me frustré tanto que lo dejé abandonado, pero en 2015 decidí volver a hacer el proyecto que no fui capaz de terminar la primera vez. No fue perfecto, pero me ayudó a percibir esa dimensión que tiene el cuaderno de viaje: de disfrutar esos momentos pintando rodeada de gente local; de conectar con el entorno de una manera única; y de abrir sus páginas al volver a casa y sentir que contenían mucho más que simples dibujos.

¿Hay algún lugar al que hayas vuelto varias veces porque sentías que aún no lo habías capturado del todo?
Nunca acabas de capturar del todo un lugar. Cuando vuelves, puede que el país haya cambiado o que lo hayas hecho tú… pero nunca es igual. Un ejemplo de lugar al que he viajado en más de una ocasión es Japón y no tiene nada que ver visitarlo en noviembre, en pleno momiji, con el rojo intenso de las hojas de los árboles a punto de caer, que en marzo, cuando los cerezos están floreciendo.
Has recorrido más de treinta países y realizado más de mil ilustraciones in situ. ¿Cómo decides qué dibujar?
La mayoría de las veces depende de la luz o del color. Dejo que los lugares me sorprendan y esos dos criterios suelen ser los que tengo más en cuenta. También hay ciertos lugares que desde antes de salir de viaje sé que quiero pintar, ya sea por su historia o por lo que representan. Y a veces simplemente porque me encuentro cómoda en un sitio… Al final todos esos paisajes conforman mi realidad del país y eso es lo que intento trasladar al papel.

Tu trabajo se ha convertido en una referencia dentro de la ilustración de viaje. ¿Cómo describirías tu estilo y qué artistas han influido en tu forma de pintar?
En lo que respecta a la técnica, mi estilo se ha ido construyendo sobre la marcha, en base a la experiencia y a las necesidades que me han ido surgiendo en el camino. La acuarela, tal y como yo intento trabajarla, me permite captar lo que veo en pocas pinceladas y eso es lo que aporta espontaneidad y autenticidad a la obra.
En cuanto a la influencia, siempre me he fijado en los pintores impresionistas como Sorolla y en los románticos, como Turner. Pero en general me gusta aprender de los artistas que pintan al aire libre, ya sea en formato pequeño (como los cuadernos de viaje) o en grandes lienzos.

“Instagram fue la galería de arte que no tuve”
¿Qué papel ha jugado Instagram como altavoz de tu trabajo?
Instagram fue la galería de arte que no tuve al salir de la carrera. Me dio la oportunidad de compartir mis obras y llegar a mucha gente que estaba interesada en lo que hacía. Rompió esa barrera e hizo que las imágenes de mis cuadernos de viaje recorriesen medio mundo. Sin embargo, siempre he intentado evitar que las redes sociales o las tendencias del momento condicionen mi forma de crear. Las redes sociales han cambiado mucho en los últimos años y, mientras que antes premiaban las comunidades, ahora se guían casi exclusivamente por la viralidad. Yo tengo claro que no quiero que los algoritmos influyan en mis obras.
¿Cómo influye saber que miles de personas siguen cada trazo que das?
Lo que siento es responsabilidad por tratar de ser un buen referente, sobre todo para los más jóvenes. Trato de ayudarles de alguna forma a que encuentren su vocación y viajen de otra manera.

‘La vuelta al mundo en 30 poemas’, una obra exquisita
¿Cómo nace la idea de unir poesía y pintura en un mismo libro de viaje?
Lunwerg me propuso crear un libro y, aunque al principio no había una idea clara, yo quería hacer algo diferente: que estuviese vinculado de alguna forma a los viajes y donde la ilustración tuviera mucho peso, pero que me supusiese un reto. Por eso me animé a retomar el óleo después de casi diez años pintando casi exclusivamente en acuarela. Así nació la idea de ‘La vuelta al mundo en 30 poemas’.
¿Qué ofrecía el óleo al proyecto que no aportaba la acuarela?
El óleo es una técnica en la que tiene mucho peso el gesto de la pincelada y las texturas, algo que, desde mi punto de vista, tiene un fuerte vínculo con la intensidad de esos textos. Además, en la acuarela hay un punto de no retorno, que generalmente genera más presión, y en este caso quería trabajar de una forma más pausada, más lenta. El óleo te permite hacer correcciones y que la obra vaya evolucionando mientras trabajas. Justo buscaba esa reflexión que me pedían también los poemas. Una especie de diálogo más meditado.

El libro recorre lugares tan distintos como Italia, Japón, México, Australia, Egipto o el Congo. ¿Cómo fue el proceso de selección de destinos y poemas?
Este fue un trabajo mano a mano con la editorial, que me ayudó a hacer una buena selección que representase de la mejor manera posible los diferentes continentes. Para ello, tuvimos que mezclar poetas clásicos, con otros menos conocidos e, incluso, con proverbios o cánticos populares.
Para convertir un poema en imagen, ¿te basas en el texto o partes de una imagen mental del lugar?
Un poco ambas cosas, quizás empiezo ilustrando lo que dice el poema: el lugar, la ciudad, el paisaje… Pero también tomo decisiones sobre la luz, el clima, la paleta de colores, y esto último está muy vinculado con lo que me hace sentir. Sin duda cada ilustración es una interpretación del poema muy personal, aunque el punto de partida siempre sean los versos de esos autores.

¿Hubo algún poema especialmente difícil de interpretar visualmente?
Sin duda los más fáciles fueron aquellos que hablan de lugares que ya he visitado, porque conecto muy bien con la experiencia del autor y me vienen a la memoria mis propias sensaciones sobre esos sitios. En los poemas que hablan de lugares que aún no he visitado hay un extra de dificultad, pero eso no quiere decir que no los haya disfrutado, al contrario, me dejo llevar por esos versos y voy sin ideas preconcebidas, con lo cual tengo mucha libertad.
¿Qué te gustaría transmitir al lector que no conoce esos destinos?
Me gustaría que le entraran muchas ganas de viajar, de descubrir esos lugares y que, al mismo tiempo, este libro fuera un viaje en sí mismo; que esas paletas de colores y esas pinceladas le trasladaran a la luz de Roma o al olor a sal del Mediterráneo. En definitiva, que fuera una experiencia sensorial a través de los cinco continentes.

De los treinta poemas y pinturas, ¿hay alguno con el que te sientas más identificada?
Quizás el de Japón: la tanka de Akiko Yosano sobre el otoño. Justo hace un par de años estuve en Japón durante el momiji, esa época del año en la que las hojas de los árboles se vuelven rojas y amarillas, como describe el poema, y pude contemplar en directo ese amor de la cultura japonesa por la belleza de lo efímero y los paisajes. Fue algo precioso.
¿Cómo era la Alicia que emprendió el primer viaje comparada con la que firma ‘La vuelta al mundo en 30 poemas’?
La Alicia de ahora es más mayor y con más confianza, pero tiene la misma inquietud por aprender cosas nuevas y mejorar cada día que la de hace diez años. Siempre digo que me faltan horas para seguir perfeccionando lo que hago, para estudiar o para investigar nuevas técnicas… y precisamente este último libro, ‘La vuelta al mundo en 30 poemas’, me ha permitido retomar el óleo después de muchos años y retarme de nuevo, que es algo que me encanta.

Si pudieras elegir un destino para un futuro proyecto, ¿hacia dónde mirarías?
Sin duda, Latinoamérica es una zona que tengo todavía bastante inexplorada y me encantaría «desbloquear» esas ganas de conocer a fondo su cultura, su gastronomía y, sobre todo, su gente. Pintar frente a Machu Picchu, dibujar en Ushuaia, vivir el Día de Muertos en México… Son tantas las experiencias que me esperan con el pincel y las acuarelas bajo el brazo que estoy deseando poder plasmarlas en mis cuadernos.
Y para terminar, ¿cómo imaginas a la Alicia Aradilla de dentro de diez años?
Sin duda, me la imagino viajando y pintando, con las mismas ganas de descubrir el mundo y dejándose sorprender por todas esas experiencias. Con hambre de vivir.
Información práctica:
• Si te ha interesado este libro, un regalo perfecto para ti misma o para otras mujeres viajeras, lo puedes conseguir en librerías y también en Amazon.
• Puedes seguir a Alicia Aradilla a través de su canal de Instagram para no perderte ninguno de sus nuevos proyectos.
