Ir al contenido principal

La Red de Villas Termales nos invita a descubrir más de 70 propuestas nacionales en torno al agua

Más de setenta destinos españoles guardan en su interior aguas termales que son un auténtico tesoro, que curan, que frenan el éxodo rural, que fomentan el trabajo femenino y que, además, ofrecen algunos de los viajes de bienestar más completos del país. Todos ellos forman la Red de Villas Termales.

Fuente de los Leones del Balneario de Archena (Murcia).
Fuente de los Leones del Balneario de Archena (Murcia).

En un mundo tan ajetreado como el nuestro, no hay nada que nos apetezca más, cualquier viernes del año, que alejarnos de entornos ruidosos y estresantes. Imaginad que, tras salir del área urbana, las carreteras se estrechan, el paisaje se vuelve más verde y aparecen pueblos rodeados de calma. Ese podría ser el comienzo de una escapada de bienestar de las que no se olvidan. Como las propuestas en nuestro país son muchas y muy diversas, el primer paso para elegir el destino de desconexión ideal debe ser conocer la Red de Villas Termales, una iniciativa impulsada por la Federación Española de Municipios y Provincias.

Dicha Red, que está integrada por más de setenta entidades locales, entre ayuntamientos, diputaciones, pueblos y pequeñas ciudades, propone a los viajeros una escapada con un recurso común: aguas minerales y termales que forman parte de su identidad, su paisaje y su economía. Este proyecto común ha nacido con la vocación de proteger el patrimonio, fijar la población y demostrar que el turismo puede ser una herramienta de desarrollo real y no solo de consumo rápido. En su intuitiva web se puede navegar fácilmente para localizar el lugar que mejor se adecúa a nuestros gustos y ubicación geográfica.

Fuente de los Baños de Montanejos, en Castellón.
Fuente de los Baños de Montanejos, en Castellón.

Un mapa diverso que llena la geografía de posibilidades

La primera sorpresa cuando se consulta el mapa de Villas Termales es que esta Red está por todas partes: en el norte atlántico y en el sur mediterráneo, en la meseta castellana y en los valles pirenaicos, en comarcas de interior casi olvidadas por los grandes circuitos turísticos y en ciudades con catedral y mercado medieval. En Lugo, con su muralla romana y su vínculo histórico con el Camino de Santiago. En Olmedo, provincia de Valladolid, conocida por su festival de teatro clásico. En Peñarrubia, en Cantabria, con un paisaje de montaña capaz de hacerte respirar más despacio solo con mirarlo.

Pero también están otros lugares menos conocidos pero que merecen igualmente una oportunidad: algunos con influencias andalusíes en la mitad sur, otros en Cataluña o Castilla y León, con iglesias góticas y viñedos a diez minutos del balneario e, incluso, en pueblos de montaña donde el aire, los bosques y el silencio son parte del tratamiento. Cada lugar tiene su propio carácter, pero todos ellos disponen de un agua tan valorada que lleva siglos determinando la historia del lugar, la arquitectura de sus edificios y hasta las costumbres de sus habitantes.

Balneario de Olmedo (Valladolid).
Balneario de Olmedo (Valladolid).

La importancia del agua en las Villas Termales

El agua termal que aflora en las Villas Termales viene de capas profundas del subsuelo y cuenta con unas propiedades que benefician al sistema circulatorio, al aparato locomotor, a la piel o al sistema nervioso. En algunos destinos se embotella directamente por su composición mineral, como en Verín, uno de los múltiples ejemplos de Villas Termales presentes en la provincia de Ourense. En otros, como Archena, Arnedillo, Baños de Montemayor o Cuntis, el agua forma parte desde hace siglos de una cultura termal que va mucho más allá del turismo y que ha contribuido a configurar la identidad y el desarrollo de estos municipios.

Entre los balnearios integrados en la Red de Villas Termales, algunos tienen enfoque clínico y se sitúan en instalaciones históricas, pero también hay piscinas termales públicas integradas en la vida diaria del municipio y centros de bienestar más actuales donde el agua sigue siendo el protagonista. Esa variedad significa que cada viajero puede elegir lo que mejor se adecúe a sus gustos o necesidades, ya sea una tarde de relax en una piscina termal de acceso libre o una estancia con un programa médico de tratamientos.

Cascada de Cícera, en Peñarrubia (Cantabria).
Cascada de Cícera, en Peñarrubia (Cantabria).

Propuestas más allá de los balnearios

Otro de los rasgos que define el espíritu de la Red de Villas Termales son las propuestas turísticas que rodean a los balnearios. Cómo podrían desligarse estos destinos de la oferta gastronómica, siempre fiel a la materia prima y a las recetas locales. Y no hablamos de restaurantes con estrella necesariamente, sino de bares donde el guiso cambia cada semana según lo que proporciona la huerta o se elabora en la zona.

Y si la gastronomía es fundamental en una escapada, no lo es menos el patrimonio. Muchas de las localidades de la red tienen un pasado termal totalmente visible, con balnearios del siglo XIX que son una importante herencia arquitectónica y trazados urbanos que giraban en torno a los manantiales. Junto al patrimonio construido, no podemos olvidar el natural, con ríos, bosques y espacios protegidos. El senderismo, el ciclismo, la observación de aves o el ecoturismo conviven también con el agua termal de una manera que rara vez encontraréis en otros destinos.

Balneario de Alange (Badajoz).
Balneario de Alange (Badajoz).

Las mujeres representan el 70 por ciento del empleo del sector termal

Hay un dato que merece un párrafo propio: alrededor del 70 por ciento de los puestos de trabajo vinculados al sector termal y a sus servicios complementarios corresponden a mujeres. En contextos rurales, donde el mercado laboral es estrecho y las oportunidades escasas, esa cifra no es una estadística sino una realidad que permite que las jóvenes no tengan que marcharse a la ciudad para encontrar trabajo y puedan construir una familia, si lo desean, en su propia comunidad. Esto conecta con uno de los argumentos del modelo Villas Termales: su capacidad para combatir la despoblación en municipios que llevan décadas perdiendo habitantes.

Por tanto, una de las grandes ventajas del turismo termal es que genera actividad económica a lo largo de todo el año. Además, el impacto económico no se queda en el balneario sino que los visitantes duermen en hoteles, casas rurales y hostales familiares, comen en restaurantes del pueblo, compran en tiendas locales, contratan guías y monitores y llevan a casa productos de la zona.

Termas de Arnedillo (La Rioja).
Termas de Arnedillo (La Rioja).

La sostenibilidad no es un eslogan en la Red de Villas Termales

Aunque la palabra sostenibilidad se ha desgastado de tanto usarla, conviene recuperarla porque en la Red de Villas Termales no es un eslogan sino que realmente articula todo el modelo. La sostenibilidad ambiental, por ejemplo, no es opcional cuando tu recurso principal es el agua. El uso responsable de los manantiales, los procesos de filtración y reutilización, la protección de los ecosistemas que rodean los puntos de afloramiento son condiciones de supervivencia del propio negocio. Si el agua se deteriora o el paisaje se destruye, el destino desaparece. Esa responsabilidad hace que las villas termales sean, de hecho, mucho más cuidadosas con su entorno que otro tipo de destinos turísticos.

La sostenibilidad del modelo se expresa también en la filosofía del viaje que propone, mucho más pausado y con estancias prolongadas. No son el tipo de destino al que llegas, haces tres fotos y te vas al día siguiente. Si cuando llega el desayuno la camarera ya sabe cómo os gusta el café, el objetivo de esta Red de Villas Termales se habrá cumplido porque habréis salido de la rueda acelerada del turismo.

Hotel balneario de Manzanera, en la provincia de Teruel (Aragón).
Hotel balneario de Manzanera, en la provincia de Teruel (Aragón).

Por un lado, destinos saturados, colas para ver cualquier cosa, la sensación de que viajas rodeada de otros turistas; y en el polo opuesto, una villa termal española, una piscina termal al aire libre con vapor que sube con el frío de la mañana, un casco histórico sin aglomeraciones y un restaurante donde el cocinero sale a preguntar qué os ha parecido el cocido. Esta es la realidad de muchos de los destinos que integran la Red de Villas Termales, una alternativa real al turismo de masas.

El turismo termal responde, además, a algo que ha cambiado en la manera de entender el bienestar. Ya no se trata solo de descansar o de desconectar, sino de cuidarse de forma activa, de prestar atención al cuerpo, de buscar experiencias que tengan un componente de salud sin renunciar a la cultura, la gastronomía o el paisaje. El balneario ya no es lo que era, y eso también nos encanta. Y ahora que conocéis esta Red, ¿buscamos plan para las próximas vacaciones?

Más información en villastermales.es

Sobre la Red de Villas Termales

Con el apoyo de la Secretaría de Estado de Turismo, la Red de Villas Termales de la FEMP avanza con el objetivo de dar visibilidad a un modelo de turismo articulado alrededor del agua termal, el patrimonio, la gastronomía y el paisaje de este país.