Enamórate del canton de Friburgo en solo cinco días y cinco experiencias
- Viajar con amigas
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El cantón de Friburgo acoge ciudades medievales, arte contemporáneo, lagos, viñedos y una cultura gastronómica profundamente ligada a Suiza. Recorrerlo es descubrir que, detrás de los grandes tópicos suizos, existe una región amable y con identidad propia que merece disfrutarse en una escapada con amigas.

Hace tiempo que dejamos de perseguir los lugares imprescindibles en nuestros viajes y permitimos que el azar, los gustos personales y la curiosidad jueguen su papel durante el itinerario. En el cantón de Friburgo esta forma de viajar tiene todo el sentido, porque apetece más que en otros lugares dejarse llevar por el placer de alargar una tarde callejeando sin rumbo por su capital, disfrutar de una sobremesa con vistas, navegar escuchando el sonido del agua o, simplemente, seguir los senderos vinícolas que conectan los pueblos entre viñedos de Mont Vully.
Este cantón también es una elección muy acertada para primerizas en Suiza porque reúne, en un espacio muy manejable, buena parte de las imágenes que asociamos al país –montañas, lagos, pueblos medievales, queso, chocolate–. Bastará una escapada de cuatro o cinco días para descubrir que todas esas postales caminan de la mano. Es decir, el paisaje explica la gastronomía, la gastronomía conduce a la historia y la historia convive con una escena artística más moderna de lo que a priori imaginábamos.
La mejor manera de comprobar esta feliz combinación es empezar en la propia capital de Friburgo, donde el río Saane (Sarine en francés) dibuja una frontera natural entre las partes alta y baja y donde las calles del casco histórico conservan una bella arquitectura medieval que regala fotografías al doblar cada esquina. Desde esta ciudad, el territorio se abre hacia el lago de Murten y los viñedos de la región vinícola de Vully, antes de ascender hacia La Gruyère, donde la montaña deja de ser un telón de fondo para convertirse en protagonista.
Para organizar este viaje de forma sencilla y recorrer el cantón sin prisas, hemos organizado la visita a través de cinco experiencias, que son también cinco maneras de mirar Suiza.

Primer día: Friburgo desde las alturas
Friburgo tiene el tamaño perfecto para que os sintáis en casa, para caminarla sin cansarse y para usar el transporte público solo lo imprescindible. Y eso ya es un plus en la visita a cualquier ciudad. Para orientarse en esta ciudad de la zona francófona de Suiza conviene tomarle la medida desde arriba. Aunque la subida a la torre de la catedral de San Nicolás exige un pequeño esfuerzo –365 escalones para coronar sus 74 metros de altura– , se compensa en cuanto aparecen los tejados del casco antiguo, los puentes sobre el río y las siluetas prealpinas, al fondo. A la torre se accede desde el exterior de la catedral, construida entre 1283 y 1490, pero también hay que pasar a su interior porque es uno de los grandes ejemplos del gótico suizo. Conserva, además, un extraordinario conjunto de trece vidrieras modernistas de Józef Mehoffer.

La panorámica desde las alturas ayuda a entender algo que desde la calle resulta más difícil de apreciar: Friburgo es una ciudad construida a distintos niveles que salvan las pendientes naturales, donde las escaleras y los puentes forman parte de su encanto urbano. El río tampoco es un elemento decorativo, sino la razón de ser de su ubicación y de buena parte de esta peculiar fisonomía.
Después de coronar la torre, sigamos sin mirar el mapa para caminar por el barrio alto de Burg/Bourg. Las calles estrechas y las fachadas ornamentadas conducen hacia algunos de los rincones históricos de la ciudad, pero lo más interesante es que el paseo no termina en el pasado sino que lo hace en un espacio contemporáneo como es el Espace Jean Tinguely–Niki de Saint Phalle, dedicado a dos figuras fundamentales del arte del siglo XX. El museo, instalado en un antiguo depósito de tranvías, reúne obras de esta pareja de artistas. Tinguely nació en Friburgo y su relación con la ciudad sigue siendo visible en distintos espacios públicos y culturales. Si, de pronto, observáis un artilugio escultórico en movimiento, probablemente sea suyo. Por su parte, Niki de Saint Phalle, conocida por su obra alegre y colorida (no exenta de activismo feminista y de crítica sociopolítica), fue una de las artistas más elogiadas del siglo XX. También de las primeras en crear un personaje de sí misma.

Como comprobaréis desde el primer día de esta escapada, Friburgo se entiende mejor caminando, cruzando puentes tan sorprendentes como el de Berna, cubierto y de madera, subiendo o bajando en el funicular… pero, también, sentadas en uno de sus cafés, sin hacer nada en concreto, simplemente admirando la ciudad desplegada a los pies.
Segundo día: Un brindis con vistas al lago de Murten
La visita a Friburgo se puede complementar con diferentes propuestas por el cantón. Una de las más completas es la que lleva al lago Murten donde, tras una breve travesía, se puede realizar un brindis entre viñedos. Para disfrutar de excursión, se debe tomar el tren en Friburgo hasta Murten/Morat (30 minutos), porque desde su puerto salen embarcaciones que recorren las poblaciones que se asoman al lago. Entre ellas, Praz, cuyo coqueto casco urbano se puede contemplar desde el agua, enmarcado por las viñas que cubren las colinas de Mont Vully. Con solo 150 hectáreas, esta es la más pequeña de las regiones vinícolas suizas. En la tres únicas calles del pueblo se sitúan antiguas bodegas que testimonian una tradición que se remonta al siglo XVII. Tras dejar atrás las últimas casas de Praz, ya aparecen los paneles que informan sobre los diversos senderos interpretativos entre viñedos.

Si no se desea mucho desnivel, os puede interesar el que lleva entre las villas de Praz y Môtier. Durante el itinerario entre viñas, se suceden distintas perspectivas del lago, de otros pueblos y, a veces, incluso de los Alpes. Si, por el contrario, buscáis vistas más elevadas es conveniente ascender entre viñedos, bosquecillos e incluso las cuevas de Lamberta, excavadas durante la Primera Guerra Mundial como parte de las defensas suizas. Al fondo siempre la montaña, que recuerda que estáis en esa Suiza que esperabais encontrar. Como premio al esfuerzo, arriba os espera la terraza del restaurante del Hotel du Mont-Vully (hotel-mont-vully.ch), con una excelente carta de platos locales donde el pescado es el protagonista, buenos vinos y unas bonitas vistas al lago.

Después de haber navegado y caminado entre viñedos, la pequeña ciudad medieval de Murten es el vértice del triángulo de esta excursión. Su casco histórico conserva un castillo, murallas medievales sobre las que incluso se puede caminar, templos y una estructura urbana que permite comprender la importancia estratégica que tuvo durante siglos.

Tercer día. Una ciudad también se conoce a través de su mesa
La tercera jornada la dedicaremos a mimar el paladar. Una vez familiarizados con Friburgo, seguro que disfrutaréis más de los paseos por sus barrios siguiendo únicamente el ritmo de la ciudad y sus sabores. La experiencia Taste My Fribourg plantea precisamente esta posibilidad: conocer el casco histórico a través de diferentes especialidades locales, visitando establecimientos y degustando productos vinculados a la región. Entre ellas aparecen algunos de los nombres imprescindibles de la gastronomía friburguesa, como la cuchaule AOP, los quesos Gruyère AOP y Vacherin Fribourgeois AOP y, por supuesto, el chocolate.
La primera parada de este tour gastronómico es en la Oficina de Turismo, donde se recoge la tarjeta Taste My Fribourg, que tiene un precio de 79 francos suizos e incluye transporte público y entradas a museos, entre otras actividades. Desde ahí se puede seguir hasta el Café des Grand-Places para empezar el día con energía tomando una bebida caliente y una “cuchaule”, un pan brioche dulce de azafrán que pertenece a la memoria gastronómica del cantón y que tiene una relación especial con la fiesta de la Bénichon (que se hacía como agradecimiento por las buenas cosechas).
El paseo sigue en el Café de la Marionnette, donde os ofrecerán una cerveza local –o bien su famoso té helado ThéCol– con un surtido de quesos de Gruyère y Vacherin. Si hace buen tiempo, pasad a su agradable terraza. Desde ahí, se puede ir caminando hasta el restaurante La Schweizerhalle, donde degustar un menú a base de platos locales. Y a los más golosos les espera una última visita: Jorge Cardoso Boutique, cuyos chocolates han obtenido premios internacionales.
En este punto del viaje, puede que se os plantee una disyuntiva: quedaros a vivir en Friburgo con vuestras mejores amigas o hacer la maleta para descubrir de dónde salen esos productos que han dado tanta fama a Suiza. Y como somos de naturaleza curiosa, ya sabéis nuestra elección.

Cuarto día: El chocolate de Maison Cailler
En menos de una hora en tren habréis pasado del sonido del claxon al silencio abrumador y al aire puro de la población de Broc, donde se sitúa la famosa chocolatería Maison Cailler (cailler.ch/fr). No hay duda alguna de dónde se encuentra esta factoría desde el propio andén porque enormes tabletas de chocolate con una vaca te sonríen al pasar.
Los primeros documentos que testimonian esta chocolatería se remontan a 1819, por lo que se considera la más antigua de Suiza. Sin embargo, esta fábrica fue levantada un poco después, en 1898, por Alexander, el nieto del fundador, François-Louis Cailler. Su ubicación en este lugar tan idílico no es casual, ya que se buscaba la proximidad de la leche fresca para elaborar su chocolate. Incluso hoy día, las granjas que les surten de esta materia prima se sitúan a menos de 30 kilómetros de la fábrica.
La visita al museo es una auténtica inmersión en la historia del chocolate suizo. No olvidemos que Cailler fue el inventor del formato en tableta. El recorrido, que desgrana todo el proceso con elementos interactivos, sorpresas y degustaciones, requiere un tiempo mínimo de una hora. Como no puede ser de otra manera, os aconsejamos terminar la visita en su café tomando un chocolate caliente o en la tienda, repleta de todo tipo de tentaciones.
Con el sabor dulce en el paladar, el viaje continúa en tren por paisajes idílicos. El trayecto, en esta ocasión, es breve porque en solo 10 minutos se llega a la estación de Gruyères, nuestro próximo destino. Una vez allí, se puede tomar el autobús 260 que deja en la entrada del pueblo.

Quinto día: Gruyères, uno de los pueblos más bonitos de Suiza
A esta villa medieval le sobran los motivos para estar en la lista de “Los pueblos más bonitos de Suiza”, ya que reúne todos los ingredientes para ser la postal perfecta: casas de piedra, balcones con flores, un castillo sobre la colina… Todo está ahí, dispuesto para la fotografía.
El motivo principal para visitar Gruyères suele ser el magnífico castillo del siglo XIII que preside la población. En sus comienzos esta fortaleza fue la residencia de los condes de Gruyère, pero, pasados los siglos y distintos propietarios, acabó siendo residencia de artistas antes de ser adquirido por el cantón de Friburgo. En la visita, que se debería hacer guiada o con realidad aumentada, no hay que perderse sus vidrieras, los frescos o la Sala de los Caballeros. Pero al castillo le ha salido un gran competidor: el único museo del mundo dedicado al artista suizo Hans Ruedi Giger, ganador del Óscar por sus diseños de Alien. Y enfrente del museo, una cafetería “tematizada” que se convertirá en el mejor photocall de los más “friquis” de la película.
Aunque a veces Gruyères se plantee como una excursión de un día desde Friburgo, merece la pena quedarse a dormir en el pueblo. Cuando los grupos de turistas se marchan, es entonces cuando recupera su verdadera esencia: el sonido del agua cayendo sobre la fuente, las luces tenues de las farolas, el murmullo que sale de las terrazas y el cielo lleno de estrellas. Después, haced lo inevitable: disfrutad de una fondue de queso moitié-moitié (mitad Gruyère y mitad Vacherin) en restaurantes con tanta solera como Le Chalet de Gruyères (chalet-gruyeres.ch).

Para profundizar un poco más en el mundo del queso, un producto tan emblemático de esta zona, lo idóneo es visitar una quesería donde aprender cómo se elabora de manera tradicional. En la quesería familiar Fromagerie d’Alpage (moleson.ch/fromagerie-dalpage), ubicada en un antiguo chalet de Moléson-sur-Gruyères, continuán haciéndolo en un caldero que calientan al fuego. Además de asistir a la demostración, tambien cuentan con un sencillo pero agradable restaurante.

Una vez en este lugar, sería una pena no aprovechar para subir (con cero esfuerzo) a través de un funicular y un teleférico hasta el Moléson, la montaña más icónica del cantón de Friburgo. Las vistas desde las cumbres serán la mejor despedida de esta escapada con amigas a Suiza.
Guía de viaje de Friburgo (Suiza)
Datos de interés
Idioma. En Suiza existen varios idiomas oficiales: alemán, francés, italiano y romanche. En el cantón de Friburgo se emplea fundamentalmente el francés, aunque las principales indicaciones se encuentran también en alemán.
Moneda. Franco Suizo. Actualmente 1 CHF está a 1,07 €, verifícalo antes de tu viaje.
Roaming. Antes de viajar conviene consultar las condiciones de la compañía telefónica. En el caso de Vodafone España, actualmente Suiza está incluida en el roaming de sus tarifas prepago, aunque existen límites de datos según la tarifa contratada. Otra alternativa es adquirir una eSIM específica para Suiza, como la que ofrece Holafly.
Cómo moverte
La opción más práctica para recorrer el país puede ser el Swiss Travel Pass, un abono dirigido a viajeros que permite utilizar de forma ilimitada trenes, autobuses y barcos, además del transporte público en más de 90 ciudades. Está disponible para 3, 4, 6, 8 o 15 días consecutivos e incluye, entre otras ventajas, la entrada gratuita a más de 500 museos. En 2026, el pase de 3 días cuesta 254 CHF en segunda clase para adultos a partir de 25 años y 179 CHF para jóvenes de 16 a 24 años.
Los niños de 6 a 15 años pueden viajar gratis con la Swiss Family Card cuando van acompañados de al menos uno de sus padres, siempre que este disponga de un Swiss Travel Pass. Los menores de 6 años viajan gratis.
Dónde dormir
Le Domaine. Notre-Dame de la Route. Alojamiento de zonas verdes a unos 10 minutos del centro de Friburgo. Villars-sur-Glâne Más información en domaine-ndr.ch
Hôtel de Gruyères. Coqueto alojamiento con vistas a las montañas y a un paso del pueblo de Gruyères. Más información en gruyeres-hotels.ch
Dónde comer
Friburgo dispone de restaurantes donde degustar los sabores locales como el Café des Arcades (cafedesarcades.ch), cerca de la Catedral; y L’Aigle Noir (aiglenoir.ch), ideal para cenar con vistas a la ciudad.
Más información en Turismo de Friburgo y en Turismo de Suiza.
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