'Las mujeres del Jinete Azul', la exposición que rescata a doce artistas olvidadas del expresionismo alemán
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Doce artistas que el modernismo europeo dejó en un segundo plano tienen, por fin, su gran itinerario. La exposición ‘Las mujeres del Jinete Azul’ o, según la traduccion literal de su título, ‘Las jinetes azules’, recorrerá varios museos alemanes entre octubre de 2026 y 2028, y cerrará su recorrido en Suiza. Esta es una buena excusa para que todas las amantes del arte tracen su propia ruta por Wiesbaden, Bremen, Múnich y Ascona.

Hay una fotografía que no existe pero que cualquiera puede imaginar: la de una mesa de café en Múnich, hacia 1911, donde un grupo de pintores discute sobre el futuro del arte mientras, a su lado, varias mujeres, tan formadas como ellos, toman parte en la conversación sin que la historia se moleste después en recordar sus nombres. Esa ausencia es la que viene a corregir ‘Las mujeres del Jinete Azul’, la exposición que a partir del 23 de octubre de 2026 se podrá ver en el Museo de Wiesbaden (una ciudad a media hora de Fráncfort) y que después viajará por otros tres museos alemanes y uno suizo hasta 2028.
Un grupo que cambió las reglas del arte
Antes de hablar de quiénes faltaban en el relato, conviene entender por qué ese relato importa tanto. El Jinete Azul –Der Blaue Reiter, en alemán– no fue exactamente una escuela ni un estilo, sino un círculo de artistas que entre 1911 y 1912 decidió que el arte ya no tenía que representar el mundo tal como se ve, sino tal como se siente. Las dos exposiciones y un almanaque que publicaron en 1912 defendían algo que hoy nos parece evidente, pero que entonces era casi una provocación: que el color podía liberarse de la forma, que una máscara africana valía tanto como un cuadro renacentista y que el arte popular, el infantil o el de otras culturas merecían el mismo respeto que la pintura académica.
Ese gesto de igualar lo diferente, ya fuesen épocas, géneros o procedencias, convirtió al grupo en una pieza clave de las vanguardias que, poco después, quedarían truncadas por la Primera Guerra Mundial. Fue, en cierto modo, un ensayo general de la modernidad la idea de que el arte podía ser subjetivo. No es casual que fuera Marianne von Werefkin quien resumiera aquel programa con una frase que hoy suena casi a manifiesto: “el futuro del arte es el arte emocional”.

Las artistas que faltaban en el cuadro
Durante más de un siglo, la contribución de las mujeres que formaron parte de este círculo ha permanecido casi inexplorada, y algunas de sus biografías son tan reducidas que resulta difícil reconstruirlas con precisión. Esta muestra sobre ‘Las mujeres del Jinete Azul’ da un paso necesario en su reconocimiento, ya que reúne por primera vez a doce de ellas: Erma Bossi, Sonia Delaunay-Terk, Emmi Dresler, Elisabeth Epstein, Elisabeth Erdmann-Macke, Maria Franck-Marc, Natalia Goncharova, Else Lasker-Schüler, Olga Meerson, Gabriele Münter, Carla Pohle y Marianne von Werefkin.
La intención de este proyecto expositivo no es añadir nombres femeninos a una historia ya escrita, sino preguntarse qué estrategias tuvieron que inventar estas mujeres para tener una vida artística independiente en una sociedad que, según explican los propios organizadores, les era “totalmente hostil”. Pintar no bastaba, sino que había que abrirse paso en redes de contactos, mecenas y publicaciones que no estaban pensadas para ellas. La exposición reconstruye precisamente esas redes, que se extendían desde Moscú hasta Múnich y París, y las traslada a una aplicación digital que permite seguir, de forma interactiva, los viajes, los encuentros y las etapas vitales de cada una de estas artistas.
La actriz Iris Berben, madrina del proyecto en sus tres sedes alemanas, lo resume de una forma muy clara: “Sé muy bien lo que significa ser una joven artista que se desenvuelve en un entorno dominado por hombres y se afirma a sí misma”. Y añadía algo que podría aplicarse a muchas otras historias silenciadas del arte, que estas mujeres “tuvieron que demostrar fortaleza para salir adelante y, sin embargo, a pesar de sus logros, cayeron en el olvido”.

Gabriele Münter, la mirada que sostuvo el grupo
Si hay una figura que encarna esa paradoja, talento reconocido en su tiempo y olvido después, es Gabriele Münter. Esta pintora, cuya intensidad cromática se reconoce ahora como esencial para entender el expresionismo alemán, fue además, sin proponérselo del todo, la memoria material del movimiento. Fue en su casa de Murnau donde el círculo del Jinete Azul se reunía, discutía y maduraba muchas de sus ideas, y fue ella quien después conservó y donó parte de las obras del grupo, ahora custodiadas por la Städtische Galerie im Lenbachhaus de Múnich gracias a la Fundación Gabriele Münter.
El retrato que pintó de Marianne von Werefkin, que forma parte de esta exposición, dice mucho de lo que el proyecto quiere mostrar. No existía una rivalidad entre mujeres artistas sino admiración y trabajo compartido. Münter no fue una figura secundaria a la sombra de Kandinsky, con quien mantuvo una larga relación personal y profesional; fue una artista con un lenguaje propio, capaz de simplificar el paisaje y la figura humana.
El próximo 2027 se cumplirá además el 150º aniversario de Gabriele Münter, nacida en Berlín el 19 de febrero de 1877. La efeméride coincidirá casi al milímetro con el recorrido de esta exposición: mientras la muestra esté en el Museo Paula Modersohn-Becker de Bremen (marzo-agosto de 2027), Alemania estará ya conmemorando la fecha. Meses después la itinerancia llegará a la Städtische Galerie im Lenbachhaus und Kunstbau de Múnich, la institución que conserva buena parte de su legado gracias a la donación de la propia artista. Es, por tanto, un año redondo para redescubrirla no como la compañera de Kandinsky sino como la mujer que salvó de la destrucción la memoria visual del movimiento.

Dónde ver ‘Las mujeres del Jinete Azul’ y por qué merece un viaje
Esta exposición de la que os hablamos comenzará el 23 de octubre de 2026 en el Museo de Wiesbaden, donde permanecerá hasta el 21 de febrero de 2027. Y, después, continuará su recorrido por el Museo Paula Modersohn-Becker de Bremen (del 13 de marzo al 29 de agosto de 2027), el primer museo del mundo dedicado por completo a una pintora (desde 1927); y la Städtische Galerie im Lenbachhaus und Kunstbau de Múnich (del 12 de octubre de 2027 al 23 de abril de 2028). La última sede será la del Museo Comunale d’Arte Moderna de Ascona, en Suiza, a partir de junio de 2028.
Las ubicaciones de la muestra están justificadas por distintos motivos. Bremen, por ejemplo, quiere rendir homenaje a las mujeres pintoras a través de la figura de Paula Modersohn-Becker, ya que en 2027 se cumple el 120 aniversario de su muerte. Múnich conserva buena parte del patrimonio original del grupo, gracias al legado de Münter. Y Ascona guarda la memoria de Marianne von Werefkin en la fundación que lleva su nombre. Recorrer las cuatro sedes es, en cierto modo, seguir el itinerario europeo que estas artistas trazaron hace más de un siglo, cuando vivir del arte era, para una mujer, casi un milagro.
Esta exposición, por tanto, interesa no solo como una simple reivindicación histórica, sino como un espejo que muestra que la pregunta sobre cómo compaginar la vocación artística con las exigencias de la época no es nueva. En aquel momento, las respuestas que encontraron estas doce mujeres no fueron otras que el trabajo en red, la solidaridad entre colegas, la resistencia silenciosa… algo que seguro sigue sonando a las artistas hoy en día.
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