Múnich con amigas, la guía básica para una primera visita
- Viajar con amigas
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En una primera visita, Múnich sorprende por su equilibrio, ya que es monumental sin resultar abrumadora. Aquí no hace falta correr para llegar a todos los planes: la capital bávara puede disfrutarse en unos cuatro días dejando suficiente espacio para hacer una parada cuando a una le apetece y sin estrés. Seguid leyendo todas las pistas porque esta ciudad os va a encantar.

Múnich no suele estar entre los primeros destinos que se proponen para una escapada entre amigas, y quizá por eso funciona tan bien. No promete una agenda inabarcable, pero cuando llegas descubres una ciudad cómoda, bonita y sorprendentemente fácil de visitar, que va a gustar a la amiga apasionada por la arquitectura, a la que le encanta comer, a la enamorada de la historia, a la que quiere verlo todo y no perderse nada y a la que solo busca una escapada para descansar unos días.
Hay ciudades que se revelan a golpe de icono y otras que se dejan conocer poco a poco, caminando y parando a vivir el día a día de los locales. En esto de pertenecer al segundo grupo puede parecerse Múnich a Madrid, que cuando más se disfruta es cuando se intenta llevar el estilo de vida de los que allí viven en lugar de centrarse solo en visitar los puntos más turísticos.
Si os alojáis en cualquier barrio céntrico, lo mejor para moverse durante esta escapada urbana con amigas es el metro o, si os atrevéis, la bicicleta, ya que la ciudad está totalmente preparada para moverse sobre ruedas y es una opción de lo más segura, barata y práctica.

El centro histórico para empezar el viaje sin una ruta fija
Todo en Múnich conduce, antes o después, a Marienplatz. Desde hace siglos, esta plaza marca el pulso de la ciudad y sigue siendo el mejor punto para comenzar a orientarse. El Nuevo Ayuntamiento, con su fachada neogótica, domina la plaza y recuerda la importancia histórica de Múnich.
Una vez ahí, lo mejor es perderse por las calles peatonales de la Altstadt, el casco antiguo de la ciudad. Allí conviven tiendas tradicionales, iglesias históricas y cafeterías de especialidad. Olvidaos del mapa durante unas horas mientras recorréis esta zona.
Muy cerca, la Frauenkirche, uno de los grandes símbolos de Múnich, destaca con sus torres inconfundibles que aparecen en todas las postales. Mientras que subir hasta lo alto es una forma de situarse y hacerse una idea general de la ciudad a través de sus tejados (y, si el tiempo acompaña, ver la silueta lejana de los Alpes), también es recomendable subir a la tal vez menos concurrida Alter Peter.

Palacios, arte y la herencia bávara
Al lado de Maxvorstadt, el barrio con el ambiente más joven por albergar la universidad, se encuentra el conocido como Distrito del Arte o Kunstareal. Aquí se encuentran las tres pinacotecas de la ciudad: Alte Pinakothek, Neue Pinakothek y Pinakothek der Moderne, además de otras colecciones de arte. El domingo es el día perfecto para visitarlas, ya que casi todas bajan el precio de su entrada a un euro y los ciudadanos aprovechan para pasar ahí el día (no hay que olvidar que el último día de la semana casi todo cierra en Alemania).
A unos 20 minutos andando encontraréis Residenz, reflejo de cómo la historia de Múnich está profundamente ligada a la dinastía Wittelsbach. Recorrer este antiguo palacio a pocos pasos de la Ópera es adentrarse en siglos de poder, con salones, galerías y patios interiores que revelan la ostentación de otra época.

Pero si hay un lugar que resume bien la elegancia de Múnich, ese es el Palacio de Nymphenburg. Situado a las afueras del centro y fácilmente accesible en transporte público, fue la residencia de verano de la corte bávara y hoy es uno de los conjuntos palaciegos más bonitos de Alemania. Además de visitar el interior del palacio, Nymphenburg se disfruta caminando por sus jardines extensísimos y sus canales que se congelan en invierno. Que no os eche para atrás el hecho de que no se llega a pie desde el centro: merece mucho la pena un paseo tranquilo con un café caliente en mano antes de comer por la zona.

Verde, agua y vida al aire libre
Uno de los grandes aciertos de Múnich es cómo integra la naturaleza en la ciudad. El Englischer Garten no es solo un parque, es un escenario cotidiano y un punto de encuentro de los locales que lo disfrutan por igual tanto cuando nieva y desaparece el verde como cuando sale el sol y se lanzan a bañarse al río. Aquí se pasea, se lee, se juega al voleibol y… ¡se surfea! Da igual el momento del año en que paséis por la Eisbachwelle que siempre encontraréis a algún valiente desafiando la corriente.
Tras un largo paseo (no pretendáis recorrer el parque entero, es inabarcable y se extiende de una punta a otra de la ciudad), no hay nada que apetezca más que sentarse en una de sus populares terrazas conocidas como biergarten. La que está bajo la Chinesisterm Turm (o Torre China) es perfecta para una breve parada en la que también podréis experimentar algo muy típico de estas terrazas: aquí las mesas siempre se comparten, así que tal vez volváis del viaje habiendo ampliado el grupo de amigas.

Comer, mirar y saborear la ciudad
En uno de vuestros días en la ciudad, recomendamos una parada a comer (o picotear, porque querréis probar todo) en Viktualienmarkt, el mercado más céntrico y, por tanto, turístico. Eso sí, sigue siendo un espacio vivo donde los muniqueses compran, comen y se encuentran en las mañanas de los fines de semana para tomar un café o una cerveza, si la hora ya lo permite. Pasead entre sus puestos y decidid sobre la marcha qué os apetece probar, aunque la auténtica experiencia local pasa por intentar pedir en sus charcuterías el snack más clásico: Eine leberkässemmel, bitte.
Si otro día optáis por una comida más pausada, parad en cualquier Wirtshaus, que es como se conoce a las tabernas clásicas, donde encontraréis la comida típica que seguro estáis buscando y que no podéis iros sin probar: Schweinshaxe (codillo alemán); Schweinsbraten (cerdo asado); Schnitzel (filete empanado) y el más clásico entre los vegetarianos, Käsespätzle (una especie de pasta fresca con queso y cebolla frita).
Para un ambiente más contemporáneo, Glockenbachviertel ofrece otra cara de la ciudad. Allí encontraréis cafeterías con estética cuidada donde alargar la hora del brunch y tiendas independientes que invitan a bajar el ritmo y disfrutar de la mañana sin otros planes. Las tiendas vintage y de antigüedades son también muy populares, especialmente en Maxvorstadt.

Entender la ciudad desde sus cervecerías
En Múnich, la tradición no se conserva en vitrinas. Se vive. Y uno de los lugares donde mejor se percibe es en sus cervecerías históricas, espacios que funcionan como puntos de encuentro intergeneracional y que forman parte del paisaje cultural de la ciudad. La más clásica es la Hofbräuhaus, que no solo es lugar de peregrinación de turistas, sino que también permite observar una escena cotidiana que se repite desde hace siglos: mesas compartidas y música tradicional con una banda que toca en directo.
Más allá de la cerveza, lo interesante es el ambiente y la sensación de estar participando de algo profundamente local. Fijaos en las mesas sobre las que cuelga un cartel que dice ‘Stammtische’. Estas son las mesas de los clientes habituales quienes tienen jarras propias que se guardan con candados y decoran las diferentes salas. Incluso sin consumir alcohol, merece la pena sentarse un rato, pedir algo ligero y dejar pasar el tiempo mientras observas al resto.
Esta relación tan natural con la cerveza se hace especialmente visible durante el Oktoberfest, cuando la ciudad entera gira durante dos semanas en torno a esta celebración popular que los locales conocen como Wiesn y que tiene infinidad de normas no escritas que te delatan como turista, como ocurre con la Feria de Sevilla.

Un lago a media hora para respirar fuera de la ciudad
Si os apetece ampliar el viaje, cambiar de escenario o hacer una excursión sin complicaciones, el lago Starnberg es una escapada perfecta para cerrar vuestro viaje de amigas. A menos de 30 minutos en tren, ofrece agua, calma y un paisaje ideal para cualquier época del año. En los meses de más frío, pasear por la orilla o simplemente sentarse frente al lago es una forma sencilla de añadir naturaleza al viaje. En verano, no olvidéis vuestra ropa de baño, porque nadar en el lago rodeadas de montañas es una de las mejores postales que os dejará este viaje.
Texto: Andrea Gómez Fotos: © Turismo de Alemania/ DZT/Dagmar Schwelle
Guía práctica de Múnich con amigas
Cómo llegar Múnich cuenta con un aeropuerto internacional con buenas conexiones desde España. El tren S-Bahn conecta directamente el aeropuerto con el centro en unos 40 minutos. Otra opción es el autobús express de la compañía Lufthansa que lleva directamente a la estación central sin importar la aerolínea con la que se viaja.
Cómo moverse Lo mejor para moverse por Múnich es el U-Bahn, como se conoce al metro (descargad la app oficial de transporte DB Navigator para los tickets y conocer las mejores rutas) o en bicicleta, que se alquilan por minutos a través de la app MGV.
Dónde dormir Altstadt-Lehel es la zona perfecta para una primera visita y donde más hoteles encontraréis. Para un alojamiento más alejado de los puntos más turísticos pero con ambiente animado y cultural, optad por Glockenbachviertel o Maxvorstadt.
Dónde comer Viktualienmarkt o cualquier biergarten urbano son la opción perfecta para comidas informales. Para comidas más pausadas, optad por una clásica taberna como Bratwurstherzl o el recientemente renovado Haxengrill.
Algunos tips útiles para mujeres Múnich es una ciudad muy segura, incluso de noche. El transporte público es fácil de usar, aunque lo mejor es caminar, por lo que es imprescindible calzado cómodo. La ciudad es ideal para un viaje sin prisas en el que no quieras abarcar todo pero sí adentrarte en la cultura alemana.
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