Nantes en familia: criaturas fantásticas, mundos increíbles, jardines para explorar y mucho más
- Viajar en familia
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La ciudad francesa de Nantes cuenta con todos los ingredientes para una escapada familiar en cualquier época del año: elefantes gigantes, jardines para explorar y obras de arte escondidas. Una ciudad donde la imaginación de los más pequeños y la curiosidad de los mayores convierten cada rincón en una aventura compartida.

Hubo un tiempo en que la economía de Nantes dependía del Loira, el último río salvaje de Francia. La antigua capital de Bretaña fue uno de los puertos más activos de Francia, impulsando durante siglos el comercio marítimo y el desarrollo social e industrial de este bello enclave.
Tras la profunda herida que dejó el cierre de los astilleros en 1987, la ciudad debía transformarse. Lo hizo sin renunciar a su legado, haciendo de la cultura y la creatividad el motor de una nueva etapa. Viejos astilleros y espacios fabriles se han transformado en escenarios para el arte, la innovación y la imaginación, convirtiendo Nantes en uno de los destinos urbanos más sorprendentes de Europa.
Nantes es un destino ideal para viajar en familia donde los niños encontrarán un divertido y estimulante patio de recreo en todos y cada uno de sus rincones. Aquí van ocho recomendaciones para disfrutar de la capital del Loira Atlántico.

1. Una ciudad de barrios
Nantes despliega sus encantos a través de sus vibrantes barrios, cada uno con una personalidad única, y conocerlos es la mejor manera de descubrir la ciudad. Por ejemplo, en Graslin, su elegancia se refleja en la exquisita arquitectura del Pasaje Pommeraye, una magnífica galería cubierta del siglo XIX, única en Europa por su distribución en tres niveles. También en el majestuoso neoclasicismo del Cours Cambronne –un plácido paseo público inspirado en los jardines del Palais Royal de París– o del Teatro de la Ópera Graslin.

En la Île de Nantes habitan seres extraordinarios, mientras que el Campus Creativo impulsa la innovación y el arte contemporáneo en un entorno en constante transformación. En el barrio Chantenay encontramos jardines extraordinarios y espléndidos miradores sobre el Loira desde la colina de Sainte-Anne. La riqueza de los armadores durante la época colonial sigue latente en los edificios de toba y granito del barrio Feydeau. Viarme-Talensac cautiva por su animado mercado y el cementerio de la Miséricorde, conocido como el “Père-Lachaise de Nantes”.
En el barrio de la estación nos aguardan Le Lieu Unique –la antigua fábrica de galletas LU reconvertida en centro cultural– y el Jardin des Plantes.
Finalmente, en el barrio de Bouffay, corazón medieval de la ciudad, lo mejor es pasear por sus encantadoras calles y detenernos en lugares tan emblemáticos como la catedral o el castillo de los duques de Bretaña, nuestra primera parada.

2. El castillo de los duques de Bretaña. Memoria y redención
La construcción de esta imponente fortaleza comenzó en el siglo XV con Francisco II y continuó con su hija Ana de Bretaña. Tras una ambiciosa restauración, el monumento acoge en la actualidad el Museo de Historia de Nantes. Un espacio museístico que, más allá de una lección de historia, ofrece una mirada crítica al pasado de una ciudad que tuvo un papel crucial en el comercio colonial europeo.
A través de documentos, objetos y recursos audiovisuales, explica cómo la prosperidad de Nantes estuvo estrechamente vinculada a la trata de esclavos entre los siglos XVII y XIX. Aunque el acceso al museo requiere entrada, el patio interior, las murallas y el foso ajardinado son de uso público.

3. Jardin des Plantes. Un paraíso de cuento
A escasa distancia del castillo, esta parada entusiasmará a los más pequeños. Se trata del Jardin des Plantes, un inmenso vergel de siete hectáreas en pleno centro urbano que alberga miles de especies exóticas de diversos continentes, estanques, rincones idílicos y una colección única de camelias, la flor insignia de la ciudad. Pero el valor de este espléndido parque no solo radica en su riqueza botánica; sorprende también por la presencia de esculturas e instalaciones artísticas perfectamente integradas en el paisaje. Un escenario de cuento ideal para que los niños jueguen entre macetas y sillas gigantes mientras los mayores descansan en el Café de l’Orangerie.

4. Un museo para toda la familia
Cada obra de un museo puede despertar en los niños la curiosidad. Basta con contarles una historia; su imaginación hará el resto. El Musée d’Arts de Nantes contiene miles de historias, las de su inmensa colección que reúne más de 14.000 piezas y recorre nueve siglos de historia, desde el arte del siglo XIII hasta la actualidad. El aspecto actual de este palacio decimonónico, una auténtica joya arquitectónica bañada en luz natural, es una armoniosa combinación de arquitectura clásica y contemporánea diseñada por el estudio británico Stanton Williams.
Diana cazadora, de Orazio Gentileschi; El sueño de San José, de Georges de La Tour; Las cribadoras de trigo, de Gustave Courbet; Los nenúfares en Giverny, de Claude Monet; o Desnudo amarillo, de Sonia Delaunay, son algunas de sus piezas más destacadas.
*Durante los meses estivales organizan actividades para los más pequeños.

5. Una isla llena de tesoros: criaturas fantásticas y mundos submarinos
La parada que sin duda más entusiasmará a los niños es La Isla de las Máquinas, un lugar extraordinario inspirado en los mundos de Julio Verne y los artefactos de Leonardo da Vinci, imaginado por François Delarozière y Pierre Orefice. Este insólito proyecto creativo nos sumerge en un viaje lúdico e interactivo acompañados por criaturas mecánicas colosales que cobran vida.
El Gran Elefante, un enorme paquidermo de acero y madera de doce metros de altura, es el protagonista indiscutible de un bestiario donde no faltan arañas, garzas y hormigas gigantescas.
La otra gran sorpresa de la isla nos espera en el Carrusel de los Mundos Marinos, una colosal estructura que reinventa los tiovivos tradicionales.Con sus veinticinco metros de altura y sus tres niveles, esta obra de ingeniería y fantasía representa el océano, desde los fondos marinos hasta la superficie.
Los niños podrán tripular una embarcación o una máquina de exploración, pero también subirse a todo tipo de criaturas articuladas, desde un calamar gigante hasta un pez volador, y activar todos sus engranajes.

6. Un paseo agradable y creativo por el Parque de los Astilleros
Al oeste de la isla, enmarcado en gran parte por los dieciocho anillos que conforman Les Anneaux, una obra concebida en 2007 por Daniel Buren y Patrick Bouchain, se encuentra otro imprescindible: el Parque de los Astilleros. Es un magnífico ejemplo de cómo el patrimonio industrial y portuario puede transformarse mediante el arte, la creatividad y la sostenibilidad.
En este gran parque lineal que se extiende junto al Loira encontramos restaurantes inspirados en invernaderos agrícolas, como La Cantine du Voyage; un huerto pedagógico imaginado por Atelier Vecteur; un enorme espacio dedicado al arte contemporáneo, The HAB Galerie; además de obras de arte al aire libre, cafés y restaurantes con vistas al río.

7. De antigua cantera a jardín extraordinario
La capacidad creativa de esta ciudad resulta sorprendente. En este caso, una antigua cantera de granito ha sido transformada en uno de los parques más singulares de Nantes.
Inspirado en el universo fantástico de Los viajes extraordinarios de Julio Verne, cuya casa natal se encuentra muy cerca, el Jardín Extraordinario es un espectacular parque público de vegetación exuberante donde conviven cerca de 200 especies exóticas adaptadas a un microclima especialmente húmedo. Su gran atracción es una impresionante cascada de 25 metros de altura que desciende majestuosamente junto a un frondoso lienzo natural de hiedra.
Al fondo asciende una escalera de acero diseñada por François Delarozière desde donde se contemplan magníficas vistas del parque, el Loira y la futura sede del Museo Julio Verne, cuya inauguración está prevista para 2028.

8. Seguir la línea en busca de tesoros
Lo más sorprendente y divertido es que la mejor manera de explorar la ciudad es siguiendo la línea verde de Le Voyage à Nantes, la ruta artística y monumental que conecta los principales espacios emblemáticos y numerosas obras de arte permanentes.
Desde su creación, este proyecto artístico y cultural no ha dejado de crecer, incorporando nuevas instalaciones y creaciones contemporáneas a los grandes hitos patrimoniales de la ciudad. Estas piezas, lejos de ser simples elementos decorativos, simbolizan el espíritu de una ciudad que apostó por la cultura como herramienta de cohesión colectiva.

Obras como Éloge de la transgression y Éloge du pas de côté, ambas de Philippe Ramette, o In a Silent Way, de Nathalie Talec, forman parte de este brillante proyecto donde convergen arte, creatividad y urbanismo.
Cada verano –hasta el 6 de septiembre– este festival transforma Nantes en una gran celebración de las artes.
Guía práctica para un viaje a Nantes en familia
Pass Nantes: tarjeta turística que permite utilizar gratuitamente el transporte público y acceder a numerosos museos. Su precio varía según la duración: desde 30 € (24 horas) hasta 75 € (7 días).
Restaurantes recomendados para familias:
- Pilgrim, en la céntrica plaza Graslin.
- LAB Little Atlantique Brewery, una cervecería instalada en un antiguo edificio industrial del siglo XIX.
Más información: Le Voyage à Nantes.
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