Siguiendo los pasos de Leonardo da Vinci en Milán
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Milán es una ciudad poliédrica, donde conviven facetas como su devoción por la moda o su riqueza artística. Nos centramos en este artículo en la segunda, con un itinerario que sigue los pasos de la gran figura del Renacimiento, Leonardo da Vinci, para que descubras que su relación con esta ciudad del norte de Italia va mucho más allá del mítico fresco de ‘La Última Cena’.

Son varias las ciudades ligadas a la figura de Leonardo da Vinci, pero en ninguna otra como Milán se siente tan presente. Aquí vivió dos décadas, atraído por el mecenas Ludovico Sforza, y en esta ciudad desarrolló gran parte de su obra. Pintor, ingeniero, urbanista, escenógrafo, anatomista, inventor… En Milán Leonardo encontró el escenario perfecto para convertirse en la gran figura humanista del Renacimiento.
Tanto si es tu primera vez en la capital lombarda como si ya la conoces, el itinerario que te proponemos a continuación te permitirá seguir los pasos de la gran figura del Renacimiento italiano. Desde lugares emblemáticos como Santa Maria delle Grazie con el fresco de ‘La Última Cena’ hasta lugares más escondidos como un viñedo o la maravillosa decoración de la Sala delle Asse del Palacio de los Sforza.
Un poco de historia sobre Leonardo y Milán
Leonardo llegó a Milán en 1482 después de pasar varios años en Florencia, donde había moldeado su formación artística. Lo hizo de la mano del duque Ludovico Sforza, conocido como Ludovico il Moro, que quería convertir su corte en una de las más brillantes de Europa y vio en Leonardo al hombre capaz de liderar esa transformación.
La ciudad de Milán de finales del siglo XV era una ciudad en pleno desarrollo. Los Sforza querían modernizarla, fortalecer sus defensas y convertirla en una gran capital renacentista y Leonardo desarrolló en esta etapa su faceta de ingeniero militar e inventor. Aquí pudo experimentar con el agua, la arquitectura, la mecánica y la escenografía. Muchas de sus ideas nunca llegaron a construirse, pero todavía hoy sobreviven los rastros de esa imaginación desbordante en sus cuadernos y bocetos.

Qué lugares visitar para seguir los pasos de Leonardo da Vinci en Milán
Si pensamos en Leonardo y en Milán lo primero que nos vendrá a la mente es la imagen del célebre fresco de ‘La Última Cena’, pero hay mucho más. La mayoría de los lugares vinculados a Leonardo en Milán se encuentran relativamente cerca unos de otros, por lo que la ruta puede hacerse caminando y utilizando ocasionalmente el metro o el tranvía.
El Castello Sforzesco y la misteriosa Sala delle Asse
Este castillo fue, además de residencia, el gran centro político de los Sforza. Hoy en día alberga varios museos y la presencia de Leonardo se siente sobre todo en la Sala delle Asse, donde creó una de sus decoraciones más sorprendentes: un entramado de troncos, ramas y hojas de morera que ascienden y se entrelazan sobre las paredes y la bóveda, como si la estancia estuviera cubierta por una gigantesca pérgola vegetal. Eligió la morera en homenaje a Ludovico Sforza, cuyo apodo, “il Moro”, hace referencia a los árboles de morera. Aquí, Leonardo convierte la arquitectura en naturaleza y demuestra como nunca pensaba en disciplinas separadas, ya que en esta decoración aparecen juntas la observación botánica, el conocimiento matemático y los efectos teatrales.
Para entender cómo fue creada la Sala delle Asse y sus recientes restauraciones se ha realizado una instalación inmersiva en las Salas Panorámicas de La Rochetta.
En el castillo también puede verse el llamado Códice Trivulziano, un manuscrito con notas sobre arquitectura y fortificaciones que refleja su faceta técnica y militar. Su extrema delicadeza impide exponerlo de forma permanente, pero ha sido recreado con una instalación multimedia que permite viajar por sus páginas.
Santa Maria delle Grazie y La Última Cena
A unos 12 minutos caminando del castillo se encuentra la iglesia que alberga la pintura más famosa de Leonardo da Vinci: el fresco que adorna el refectorio del convento dominico anexo a la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Leonardo lo pintó entre 1495 y 1498 y eligió representar el instante exacto en que Cristo anuncia que uno de los apóstoles lo traicionará. No es una escena estática, en ella cada discípulo reacciona de forma diferente convirtiendo la pintura en una explosión emocional, además de mostrar su dominio de la perspectiva.

Es una pintura tremendamente delicada por la técnica que utilizó Leonardo, mezclando témpera con yema de huevo sobre yeso seco, lo que hace que las visitas estén muy reguladas y sea necesario comprar las entradas con mucha antelación.
El viñedo de Leonardo
Situado frente a Santa Maria delle Grazie, este viñedo permaneció olvidado durante siglos, pero investigaciones recientes han permitido recuperar parte de las vides originales y reconstruir este espacio histórico. Aportan el acercamiento a la figura más humana de Leonardo, la más cotidiana, además de mostrar como este tipo de espacios naturales formaban parte de la antigua ciudad renacentista.

El Museo de Ciencia y Tecnología
A seis minutos caminando se encuentra el Museo de Ciencia y Tecnología, que es una visita imprescindible para conocer la época de Leonardo en Milán. Alberga la mayor colección del mundo de modelos de máquinas basados en los dibujos del artista, lo que supone un recorrido visual por 170 obras de arte e instalaciones multimedia que muestran a Leonardo como ingeniero e investigador de la naturaleza.
La Pinacoteca Ambrosiana y el interior de la mente de Leonardo
En un paseo de unos veinte minutos se llega a la Pinacoteca Ambrosiana, que alberga el Códice Atlántico, la mayor colección del mundo de dibujos y escritos del genio en los que aparecen máquinas voladoras, estudios hidráulicos, diseños arquitectónicos, armas, observaciones científicas y apuntes aparentemente caóticos. Su nombre no tiene nada que ver con el océano, ya que alude a la gran dimensión de las páginas en las que, a finales del siglo XVI, el escultor milanés Pompeo Leoni recopiló los dibujos originales de Leonardo.

En esta pinacoteca se conserva además una de las obras más emblemáticas del autor: Retrato de músico, una de las pocas pinturas masculinas atribuidas a Leonardo.
Los Navigli y la obsesión de Leonardo por el agua
Aunque no suele identificarse a Milán como una ciudad de canales, los Navigli fueron determinantes durante el Renacimiento tanto para el comercio como para el transporte de los materiales que embellecieron la ciudad. Leonardo estudió y mejoró los sistemas de esclusas y canales, aportando soluciones hidráulicas innovadoras que facilitaron la navegación y que fueron decisivas para el crecimiento urbano. Hoy, al pasear o tomar algo en las terrazas de los animados Naviglio Grande o Naviglio Pavese no podemos olvidar que la marca de Leonardo también está presente en esta parte de Milán.

El caballo que nunca fue
Ludovico Sforza encargó a Leonardo una enorme estatua ecuestre en honor a su padre, Francesco Sforza, y ahí comienza la historia de la escultura que nunca pudo ser. La idea era realizar la escultura de bronce más grande del mundo y, como era habitual en el genio da Vinci, pasó años realizando estudios anatómicos y modelos de lo que iba a ser una pieza sin igual.
La realidad es que nunca pudo llegar a realizarse ya que el bronce destinado a la escultura se empleó en la fabricación de armas para la guerra contra Francia. Hoy en día se puede visitar una escultura inspirada en este diseño cerca del hipódromo de San Siro.
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