Astorga con amigas, qué hacer y dónde comer en la ciudad más inesperadamente dulce del Camino
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Astorga conserva un valioso legado arqueológico que convive con la espectacular arquitectura de Gaudí. A ello se suma una arraigada tradición gastronómica, con el cocido maragato y el chocolate como grandes protagonistas.

Astorga es de esas ciudades que se recorren como si cada rincón fuera una página de la historia y que sorprende por la riqueza de su patrimonio y el arraigo de sus tradiciones. Situada en un enclave estratégico, al suroeste de la provincia de León, la antigua Asturica Augusta conserva un valioso legado romano que puede descubrirse en su ruta romana y que permite imaginar la importancia de una ciudad que fue clave del Imperio.
Junto a este pasado histórico, un joya inesperada: el Palacio Episcopal de Gaudí. Junto a él, la imponente catedral de Santa María completa un conjunto monumental extraordinario y una de las mejores imágenes de esta ciudad que ha sido parada de peregrinos durante siglos y que además conserva el recuerdo de una de las sagas literarias más brillantes de nuestro país, los Panero.
Pero aquí la historia no solo se contempla y se descubre, también se saborea. Mientras que la cocina maragata reivindica el valor de recetas transmitidas de generación en generación, con el cocido maragato como máximo exponente, la tradición chocolatera endulza cada recuerdo. Mantecadas, hojaldres y merles ponen el broche de oro a cualquier escapada con amigas a la acogedora ciudad de Astorga.

Ruta romana, un viaje por Asturica Augusta
A finales del siglo I a. C., la legión X Gemina instaló un campamento militar sobre un pequeño cerro en la actual Astorga. La idea era controlar la reciente incorporación al Imperio de aquellas tierras una vez finalizadas las campañas contra astures y cántabros. El asentamiento marcó literalmente el perímetro donde la poderosa Roma echó raíces en territorio astur. De aquel gesto fundacional nació Asturica Augusta, cruce de caminos y capital administrativa de la región. Muchos siglos después, la impronta de esta próspera urbe sigue latiendo con fuerza, y la mejor manera de conocer su grandioso legado es siguiendo la Ruta Romana.

El Museo Romano es un buen punto de partida. Instalado sobre la Ergástula, un espectacular pórtico abovedado que formaba parte del antiguo foro, reúne una selección de objetos procedentes de cercanas excavaciones arqueológicas: cerámica, joyas de ajuar, lápidas funerarias o una colección de monedas donde destaca un áureo del emperador Tiberio.
Los fosos defensivos del campamento militar que dió origen a Astorga también se puede visitar, y hacerlo es recomendable para recordar cómo un enclave estratégico se convirtió en un próspero núcleo urbano ligado a la explotación de oro de Las Médulas. En las termas, otra parada imprescindible, aún se aprecian el frigidarium, el tepidarium y el caldarium, unos vestigios que nos hablan de la vida cotidiana de los ciudadanos de Asturica Augusta. Muy cerca de allí se accede a los restos del sofisticado sistema de alcantarillado, las cloacas, que permanece en excelente estado de conservación. De hecho la ruta permite acceder a una cloaca y algunos tramos mantienen su uso. La Domus del mosaico del oso y de los pájaros, los restos de la muralla y la Puerta Romana, el único acceso que se conserva, también forman parte del recorrido y son de libre acceso.

La catedral y la leyenda de Pedro Mato
En el centro neurálgico se alza la catedral de Santa María como una espléndida superposición de estilos que condensa siglos de historia. La construcción del edificio actual arrancó a mediados del siglo XV, sobre los cimientos de templos anteriores, y continuó en los siglos posteriores. Por ello, el resultado actual contempla una amalgama de estilos que van desde el gótico tardío y que fue incorporando elementos del plateresco renacentista, barrocos y neoclasicistas según avanzó en su ejecución. La joya indiscutible del interior es el retablo mayor del siglo XVI, obra de Gaspar de Becerra. El llamado Miguel Angel español ejecutó un despliegue escultórico de gran fuerza simbólica, con escenas bíblicas resueltas con la maestría propia del clasicismo renacentista que Becerra trajo consigo tras su formación en Roma.
Junto a la catedral, el Museo Catedralicio, contiene una magnífica colección de arte sacro: orfebrería, numismática, pintura y una notable colección de indumentaria litúrgica. La visita se completa con una experiencia de realidad virtual que permite sobrevolar el templo a lo largo de su historia. Pero en lo más alto del ábside, vigilando la ciudad desde hace siglos, se recorta la escultura de un arriero maragato. Cuenta la leyenda, nunca confirmada por los historiadores, que Pedro Mato burló el asedio al que fue sometida la ciudad por los franceses abasteciendo de alimentos a los astorganos durante la Guerra de la Independencia. La historia acabó mal y finalmente fue apresado y ejecutado. Cierta o no, su figura sigue estimulando el imaginario colectivo.

Palacio Episcopal, la joya inacabada de Gaudí
Junto con El Capricho de Comillas y Casa Botín en León, el Palacio Episcopal es una de las pocas obras que el maestro modernista realizó fuera de Cataluña. Todo comenzó en 1886 cuando un incendio destruyó la antigua residencia episcopal. Elobispo Grau, paisano del arquitecto, decidió encargar la reconstrucción a aquel joven genio que ya empezaba a destacar en Barcelona.
Gaudí concibió un edificio de inspiración gótica que parecía un castillo de cuento, con torreones rematados en pizarra, foso perimetral y sillares de granito extraído de las canteras del Bierzo. Y aunque nunca terminó el proyecto, por desavenencias con la nueva junta diocesana tras la muerte de Grau en 1893, no hay más que traspasar las puertas para percibir su magia en todos y cada uno de los espacios.
Incluso en el Palacio Escondido, el último nivel del palacio al que se accede en un ascensor panorámico donde descubrimos esos lugares que generalmente están cerrados al público, como las terrazas. Una escultura del propio Gaudí, obra del escultor leonés Amancio González, ha sido recientemente inaugurada en los jardines devolviendo simbólicamente al arquitecto al lugar que un día imaginó.

Casa-Museo Panero, la memoria de una saga fascinante
Muy cerca de estos dos hitos arquitectónicos, en la Calle Leopoldo Panero 5, una preciosa casona ajardinada, conserva la memoria de una de las sagas literarias más fascinantes y atormentadas del pasado siglo. Leopoldo Panera, uno de los poetas más destacados de la posguerra española, y Felicidad Blanc, escritora y autora de unas memorias desgarradoras pero imprescindibles, convirtieron esta casa en un espacio de tertulias y creación. Allí crecieron sus tres hijos: Juan Luis, el más reservado; Michi, sensible y entrañable; y Leopoldo, la voz más rebelde y transgresora. Jaime Chávarri retrató sin concesiones las luces y sombras de esta peculiar familia en el documental El desencanto.

Astorga a bocados
Un tramo del Camino con recompensa: cocido maragato
Decíamos que Astorga también se saborea. Pues comencemos a lo grande, con uno de los mejores cocidos maragatos de la zona, el del restaurante Coscolo. Y como se trata de un plato más que contundente, hagamos hueco recorriendo un pequeño tramo del Camino –apenas 6 km– hasta Castrillo de los Polvazares, un bellísimo ejemplo de arquitectura maragata catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España.

El paseo corto y agradable será inolvidable si al final del camino tenemos al chef Pedro Coscolo y Eva, jefa de sala y sumiller, como anfitriones.
La estrella por excelencia de la gastronomía maragata se sirve en tres vuelcos: el primero con las carnes, el segundo con los garbanzos y verduras y el tercero con la sabrosísima sopa, “la alquimia del cocido”, como dice el chef. Si os ha quedado sitio, cuando veais las cantidades entenderéis a qué me refiero, completad la experiencia con alguno de sus deliciosos postres caseros: natillas, sorbetes, crema de chocolate o de queso con cacahuetes garrapiñados…

Restaurante La Peseta, el decano de la gastronomía astorgana
Hablar de La Peseta es hablar de una de las instituciones gastronómicas de la ciudad. Su historia comenzó en 1871 como un pequeño colmado que pronto se transformó en una popular casa de comidas. Desde entonces, cinco generaciones han mantenido vivo un establecimiento que ha evolucionado sin perder el vínculo con la cocina tradicional maragata. Así, su carta rinde homenaje a los sabores de la comarca con especialidades como el cocido maragato, el congrio ajoarriero, el jarrete de ternera y tampoco falta la cecina de la que dice Ramón, actual propietario, “pasa un año conmigo en bodega para irnos conociendo”.

Diferent y Miku Gastrobar, dos restaurantes ideales para compartir
Estos dos establecimientos (ambos a escasos metros del Palacio Episcopal) son perfectos para disfrutar de la sabrosa oferta gastronómica. Diferent (calle Los sitios 7B. 24700 Astorga), es famoso por sus tapas y perfecto para compartir y probarlo todo. Deliciosas las croquetas, la parrillada de verduras, la cecina y la morcilla; y Miku Gastrobar (calle Los sitios 14. 24700, Astorga) ofrece una extensa carta donde no faltan los productos típicos de la zona. Son famosas sus tortillas, y no me extraña porque están ¡espectaculares!

La Cepedana, la tradición más dulce
Dejamos para el final las propuestas más dulces porque debéis saber que Astorga tiene una gran tradición chocolatera y de elaboración de dulces. Por eso, si sois golosas no podéis dejar de ir a La Cepedana. Tuve la suerte de conocer a Alfredo Cabezas, heredero de esta empresa familiar fundada en 1903, que a sus 85 años sigue manteniendo una vitalidad envidiable. ¿Su secreto? “como todos los días chocolate negro”, dice.

Ubicada en el casco histórico, esta chocolatería mantiene viva una tradición que comenzó, cuentan, hace siglos cuando la hija de Hernán Cortes se casó con el heredero del marqués de Astorga. El enlace propició la ruta comercial de cacao americano e impulsó una próspera industria en torno a él.
Más allá del obrador y de la tienda con mostradores plenos de tentaciones, el establecimiento esconde un pequeño centro de interpretación del chocolate, con maquinaria antigua, envoltorios de época y utensilios originales. Y si querés profundizar en la historia de este producto en esta ciudad en la que han existido más de 400 marcas y fabricantes de chocolate, acercaos al Museo del Chocolate.

La flor y nata… y deliciosos merles
La última dirección nos lleva hasta una pequeñísima confitería que pasa desapercibida pero que elabora los dulces más deliciosos de Astorga, La flor y nata. José Manuel Ruiz y Yolanda Pereira tomaron hace 30 años el relevo de un negocio familiar fundado por los abuelos de José Manuel para darle, comentan, un nuevo impulso. Para empezar, registraron y mejoraron notablemente la receta de sus famosos merles, un exquisito pastelito de hojaldre, huevos, azúcar y “el secreto de la casa” que elaboran con esmero. Porque aquí todo es artesanal y se le añade mucho cariño. El hojaldre, la especialidad de la casa, lo elaboran diariamente a mano, también las pastas caseras, los almendrados o las mantecadas que hacen los viernes para que estén frescas y “cuando se acaban, se acaban”
En Semana Santa no faltan bizcochitos de canela, los buñuelos, las almendras saladillas o los huesos de santo; en Navidad los turrones, las peritas de mazapán o las roscas de reyes arrasan; y las orejas de carnaval también suelen agotarse en pocas horas. Por algo será.
Dónde: Calle San José de Mayo 2. 24700, Astorga.

Dónde alojarse
El Hotel Gaudí es un buen lugar para alojarse, no solo por la ubicación justo enfrente del Palacio Episcopal y de la catedral sino por el trato del personal y la calidad de su restaurante.
Dónde: Plaza Eduardo de Castro 6. 24700, Astorga.
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