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Portofino y Cinque Terre, un viaje con amigas por la Riviera di Levante italiana

La costa mediterránea de Italia es sinónimo de buen vivir, ese que discurre con calma tomando algo en una terraza con vistas al mar o paseando sin prisa por una bella localidad de calles empedradas y casas de colores. Todo esto lo encuentras en la Riviera de Levante y en este artículo nos centramos en contarte qué ver y cómo organizar un viaje con amigas a Portofino, Santa Margherita Ligure, Rapallo y Cinque Terre, que es uno de esos planes irresistibles con los que acertaréis seguro.

Manarola, uno de los pueblos de Cinque Terre. © Susana García
Manarola, uno de los pueblos de Cinque Terre. © Susana García

La costa que se extiende al sur de Génova representa una de esas zonas de Italia donde esa dolce vita parece instalada en sus casas de colores y en el azul profundo de esta zona del Mediterráneo. Aquí, conviven la exclusividad de Portofino con el bullicio de Rapallo y la estética de los preciosos pueblos de Cinque Terre. Pero, además, se percibe ese intangible italiano que te lleva sin remedio a disfrutar de un prosecco con un aperitivo en la terraza de cualquier plaza para vivir las vacaciones con calma y a sorbitos, que es como merecen ser disfrutadas.

Portofino, lo exclusivo como identidad turística

Portofino es un pueblo cuyo casco histórico, que se ubica abrazando su puerto, tiene el don de la fotogenia. La primera impresión es que es más pequeño de lo que tenías en mente, ya que esos grandes yates de lujo que esperas en su puerto en realidad fondean en los alrededores y sus ocupantes llegan aquí en lanchas más pequeñas. El escenario de la Piazzetta, con sus casas de color pastel, rodea este coqueto puerto y permite una de esas fotos de pueblo perfecto. En sus bajos, se ubican las tiendas de lujo que también dan fama a esta localidad y restaurantes llenos de sabor italiano, algunos con estrellas Michelin como DaV Mare, en el hotel Splendido, o el Cracco Portofino.

Puerto de Portofino. © Susana García
Puerto de Portofino. © Susana García

El paseo por Portofino no lleva muy lejos, ya que fuera de esta plaza el casco histórico se extiende en un par de calles con restaurantes y tiendas. Lo que no podéis perderos son dos direcciones: la iglesia medieval del Divo Martino y la pequeña Gelateria San Giorgio, que lleva sirviendo helados desde 1954 con sabores que incluyen frutas de temporada.

En Portofino no hay que quedarse solo en esta plaza que rodea el puerto y que se lleva todas las miradas. Merece la pena subir hasta el Castello Brown por un sendero señalizado que parte de la Piazzetta. Esta fortaleza del siglo XVI, que fue adquirida en el siglo XIX por el cónsul británico Montague Yeats Brown, ofrece unas vistas excepcionales del pueblo y la bahía. Si tenéis fuerzas para seguir caminando, la ascensión continua hasta el Faro di Portofino, que vuelve a ofrecer unos paisajes sin igual desde sus miradores.

Dolce & Gabbana en Portofino. © Susana García
Dolce & Gabbana en Portofino. © Susana García

Si os gusta el senderismo, el Parque Natural Regional de Portofino, con sus bosques de pinos mediterráneos, encinas y plantas aromáticas, protege el paisaje de la expansión urbana y ofrece rutas maravillosas entre antiguas sendas de mulas. Y, si queréis ir a la playa, Portofino tiene una muy pequeña de piedras a siete minutos caminando desde el centro, aunque merece la pena acercarse en coche o transporte público a la cala de Paraggi, a medio camino hacia Santa Margherita Ligure, con arena y aguas color esmeralda.

Santa Margherita Ligure, la elegancia aristocrática

La carretera que bordea la costa hacia el sur desde Portofino deja, además de muchas curvas, un paisaje de frondosa vegetación y villas a un lado y mar y rocas al otro. Así hasta llegar a Santa Margherita Ligure, antigua ciudad balnearia que atraía a la aristocracia de toda Europa que dejó en la ciudad hoteles históricos y elegantes fachadas. El centro de todo es su paseo marítimo, que recorre, salpicado de palmeras, esta bahía protegida por su puerto y Punta Pagana.

Es un buen lugar para comprobar esa forma tan italiana de disfrutar de la playa que se aleja bastante de cómo son las playas en España. Aunque hay espacios dedicados a la playa pública, la mayor parte está ocupada por zonas privadas a las que solo se accede previo pago de entrada. Una vez dentro, se incluyen los servicios de tumbonas, sombrillas, vestuarios y, en algunas, hasta piscinas junto al mar.

En Santa Margherita Ligure hay algunas paradas imprescindibles: el castillo, levantado en el siglo XVI por la República de Génova; la basílica de Santa Margherita d’Antiochia, un templo barroco que recuerda la profunda tradición religiosa de la localidad; y Villa Durazzo que, construida sobre una colina, ofrece bonitas vistas y cuenta con un agradable jardín a su alrededor perfecto para descansar en una visita por la ciudad.

Rapallo, el bullicio hecho ciudad

La misma sinuosa carretera lleva tres kilómetros más adelante hasta Rapallo, una localidad que no se parece en nada a las dos anteriores. Rapallo es ruidosa, activa y tremendamente italiana. Se abre también a una bonita bahía que bordea el Lungomare Vittorio Veneto, un paseo de alrededor de un kilómetro que conecta el puerto con las playas y se convierte en el gran escenario cotidiano de la ciudad.

Rapallo al atardecer. © Susana García
Rapallo al atardecer. © Susana García

A un lado se suceden cafés, terrazas y hoteles de aire Belle Époque; al otro, la playa (con parte pública y privada) y el Mediterráneo salpicado de pequeñas embarcaciones, ferris y veleros.

Detrás de este paseo marítimo se extiende el casco histórico y su sucesión de pequeñas y desordenadas callejuelas, donde las tiendas turísticas y los restaurantes conviven con locales tradicionales y ropa tendida en los balcones. No os perdáis la iglesia de los Santos Gervasio y Protasio, de origen medieval y reformada durante el barroco.

El símbolo de la ciudad es el Castello sul Mare, una pequeña fortaleza construida a mediados del siglo XVI sobre una roca junto al agua y que suele acoger exposiciones y eventos culturales. No os podéis perder tampoco la experiencia de tomar el funicular que lleva al santuario de Nuestra Señora de Montallegro, del siglo XVI, situado a unos 600 metros de altitud, con unas espectaculares vistas de Rapallo y el golfo de Tigullio.

Corniglia desde el mar. © Susana García
Corniglia desde el mar. © Susana García

Cinque Terre, la joya del viaje

Los cinco pueblos que conforman Cinque Terre (Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore) son una de esas demostraciones de que la mano humana no siempre ha interrumpido el paisaje para desbaratarlo. Aquí, esos pueblos que se suspenden entre el mar y las laderas rocosas desde hace siglos embellecen este tramo de Liguria con sus casas de colores pastel y sus terrazas de huertos, viñedos y olivares.

Cada uno tiene sus particularidades, pero el conjunto tiene una unidad estética que lo hace irresistible, sobre todo si se contempla desde el mar. Monterrosso al Mare es el más grande y el único con playa de arena; Vernazza deja una postal con su puerto y la torre del castillo Doria; Corniglia es el único que no está al borde del mar y se encuentra rodeado de viñas; Manarola eleva sus casas sobre un espolón rocoso; y Riomaggiore aparece como un pueblo de fachadas rojizas, rosadas y ocres que se alzan desde su pequeño puerto.

Riomaggiore. © Susana García
Riomaggiore. © Susana García

Lo interesante es visitarlos todos en una o dos jornadas, según el tipo de viaje que elijáis y la perspectiva que queráis tener de ellos. Para verlos desde el mar, existen numerosas excursiones que salen de ciudades como Rapallo (al norte) o La Spezia (al sur) en distintos tipos de embarcaciones. Por tierra, la mejor forma es recorrerlos en tren, ya que el coche no está recomendado por las abruptas carreteras y la dificultad de aparcamiento. También puedes ir caminando algún tramo por el Sentiero Azzurro, que conecta los pueblos en una ruta de doce kilómetros que se realiza por un sendero que transita en parte sobre el acantilado (os damos más detalles en la guía práctica).

Vernazza con la torre del castillo Doria. © Susana García
Vernazza con la torre del castillo Doria. © Susana García

Guía práctica para viajar a Portofino y Cinque Terre

¿Cuál es el mejor momento para viajar a Portofino y Cinque Terre?

La época más habitual para realizar este viaje es el verano, pero también es la más concurrida. La primavera y el otoño son momentos perfectos para organizar esta escapada con tus amigas. Para ver Cinque Terre en verano es muy buena opción hacerlo por mar para poder refrescarse con algun baño.

¿Cuánto tiempo se necesita para hacer este viaje?

Con cuatro noches es suficiente para visitar los lugares descritos en esta ruta, lo que la hace perfecta para aprovechar alguno de los puentes de primavera u otoño. Si se dispone de una semana, el viaje se puede completar con una visita a Genóva y a Porto Venere.

¿Cómo llegar a Portofino y Cinque Terre?

El aeropuerto más cercano es Génova (a 40 km de Rapallo, a 42 km de Santa Margherita Ligure y a 45 km de Portofino). Los aeropuertos de Milán quedan algo más alejado de la zona, a unos 180 km (dos horas y cuarto) pero son también una buena opción al tener mayor frecuencia de vuelos desde España.

¿Cómo moverse por Portofino y Cinque Terre?

Desde Génova se puede ir en tren hasta Rapallo, Santa Margherita Ligure y Portofino. Desde ahí, se pueden realizar las excursiones también en tren o ferry. Una buena opción es alquilar un coche para moverse por la zona, excepto a Cinque Terre que siempre es mejor ir en tren o barco.

¿Dónde alojarse?

Santa Margherita Ligure y Rapallo son las mejores opciones si se busca un alojamiento con una mejor relación calidad/precio. Algunas opciones son en Santa Margherita Liguire son el hotel Continental o el Hotel Miramare (para darse un capricho); y en Rapallo el Excelsior Palace o los apartamentos Porto Rapallo (aquí pueden contratar aparte servicios como el desayuno, la limpieza diaria y el beach club del hotel Excelsior).

Beach Club del Excelsior Palace en Rapallo. © Susana García
Beach Club del Excelsior Palace en Rapallo. © Susana García

Portofino cuenta con hoteles de lujo como el Splendido Mare, el Splendido o el Eight Hotel, perfectos para vivir una experiencia más chic.

¿Dónde comer?

Esta parte de Italia cuenta con una gastronomía sabrosa y contundente. No hay que dejar de probar el pesto genovés (normalmente acompañado de pasta corta como la trofie), la focaccia, el fritto misto (de marisco y pescado) o las anchoas locales. Hay infinidad de restaurantes en esta zona, algunos muy turísticos, pero se pueden encontrar buenas opciones para probar la gastronomía local. Algunas de ellas son:

  • Rapallo: Il Salotto, Ö Magazin y Nettuno Pizzeria.

  • Santa Margherita: Blue Santa, Molo 10 y Madachí.

  • Portofino: I Gemelli (con dos locales) y Ö Magazin.

¿Cómo organizar la excursión a Cinque Terre?

Como ya hemos comentado en este artículo, se puede realizar esta excursión por mar o en tren (que se puede combinar con algún tramo a pie).

  • En tren y caminando:

Lo mejor es comprar la Cinque Terre Train Card, que combina el uso de los trenes regionales entre Levanto y La Spezia con el acceso a los distintos tramos del Sentiero Azzurro. Permite realizar unos tramos en tren y otros caminando, para seleccionarlos lo mejor es consultar antes de salir, ya que en ocasiones algunas zonas permanecen cerradas por mantenimiento.

El Sentiero Azzuro aparece señalizado como SVA2 o sendero 2, y recorre aproximadamente 12 kilómetros divididos en cuatro sectores:

· Monterosso-Vernazza: 3,8 km, unas 2 horas caminando.

· Vernazza-Corniglia: 3,5 km, entre 1 h y media y 2 horas.

· Corniglia-Manarola: hay varias alternativas y es el tramo que más cortes sufre por desprendimientos.

· Manarola-Riomaggiore: 1,7 km, 1 hora. Se conoce como la Via dell’Amore y se necesita reservar a través de la web.

Lleva siempre calzado cómodo y antideslizante, agua, gorra y crema solar.

  • En barco:

En verano, el Servicio Marittimo del Tigullio ofrece la excursión Super Cinque Terre con salida desde Santa Margherita Ligure y Rapallo, que permite bajar en Monterosso y Riomaggiore y ver el resto de los pueblos desde el mar. Además, existen numerosas compañías (como My Rapallo, Venti Boat Charter o Albatros Boat Tour) que organizan excursiones en distintos tipos de embarcación como barca, lancha o yate privado. Se puede salir de los puertos de Portofino, Santa Margherita o Rapallo, además de desde La Spezia (al sur).

Más información:

Turismo de Italia.

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