El Museo d'Orsay en dos horas a través de 15 obras
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En un primer viaje a París una de las visitas que no pueden faltar es el Musée d’Orsay, que guarda una de las mejores colecciones de arte desde mediados del siglo XIX hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. En este artículo te proponemos un recorrido por quince de sus obras imprescindibles para que puedas llevarte una impresión general del museo ajustando la visita a unas dos horas. Y te adelantamos que te va a gustar tanto que lo dejarás apuntado para volver en tu siguiente viaje a la capital del Sena.

No contamos nada nuevo si decimos que el Musée d’Orsay es una de las visitas culturales que no pueden faltar si se viaja a París. Pero hay tantos monumentos y museos que ver en esta ciudad que en una primera visita no siempre hay tiempo para todo, así que hemos organizado un recorrido por quince de sus obras más importantes que puede realizase en unas dos horas para que puedas llevarte una visión general del mismo. Porque te advertimos que, una vez dentro, la tentación de recorrer todas sus salas para detenerse con calma frente a algunas de esas obras que forman parte del imaginario colectivo de la Historia del Arte es muy alta.
La antigua Gare d’Orsay
El lugar que ocupa el museo ya de por sí merece una visita: la antigua estación d’Orsay, inaugurada para la Exposición Universal de París de 1900, que pasó de ser la terminal de la línea ferroviaria del suroeste de Francia a un museo inaugurado en diciembre de 1986 tras una profunda reforma. Tras una elegante fachada de piedra que mira al Sena, se esconde una estructura metálica que dota de personalidad el amplio espacio dedicado hoy en día al museo. Uno de sus símbolos, que puede verse desde dentro, es el gran reloj, que pertenecía a la antigua estación y que se encuentra en un extremo de la quinta planta.

Cómo organizar la visita en el Musée d’Orsay
La monumentalidad del espacio no resta interés al contenido del museo: un recorrido por la historia del arte desde mediados del XIX hasta 1914. Es conocido por su extensa colección de impresionismo y postimpresionismo, pero su interés va mucho más allá. Alberga también joyas del academicismo francés y del realismo con obras de artistas como Courbet, Millet o Manet. Además, cuenta con una espectacular colección de esculturas, piezas de artes decorativas, mobiliario y fotografía.
El recorrido propuesto en este artículo se centra en quince obras pictóricas imprescindibles del Musée d’Orsay para una visita de unas dos horas. Entre sala y sala, irán apareciendo el resto de las obras y algunas esculturas que son también piezas imprescindibles para los amantes del arte. Es solo una propuesta que puedes modificar sobre la marcha, la ubicación de cada obra puede cambiar puntualmente debido a las exposiciones temporales del propio museo o las cesiones de obras a otros museos.

Aunque el museo tiene cinco plantas, las obras de arte se concentran en la planta baja, la planta intermedia (segundo piso) y la planta alta (quinto piso). La recomendación es recorrerlo de forma cronológica para entender las distintas influencias e innovaciones en las pinturas.
Planta baja, el siglo XIX
En la zona central, que cuenta con toda la altura del edificio, se ubican las esculturas más monumentales y en las salas que la rodean pinturas de mediados del siglo XIX. No cometas el error de saltarte esta zona del museo por ir directamente a la planta más famosa, la quinta, que alberga las pinturas impresionistas. En estas salas de la planta baja hay auténticas joyas que han marcado hitos en la Historia del Arte.
“Dante y Virgilio”, William Bouguereau (sala 3)

En esta obra pintada en 1850 dentro del academicismo francés todo es excesivo, por lo que fue muy del gusto de los románticos de la época. En ella se representa un episodio de La Divina Comedia de Dante Alighieri en el que Dante y su guía, el poeta romano Virgilio, contemplan en el octavo círculo del Infierno el feroz combate entre el alquimista Gianni Schicchi que muerde al falsificador Capocchio, ya que ambos están condenados a enfrentarse eternamente como castigo por sus pecados. Este episodio es aprovechado por Bouguereau para demostrar tanto su destreza al reflejar el cuerpo humano inspirado por las obras clásicas como para dotar de gran carga emocional a sus obras a través de la luz y de las figuras que representa.
“Las espigadoras”, Jean-François Millet (sala 4)

La importancia de este cuadro de Millet es que va mucho más allá de una escena en el campo de tres mujeres. Fue pintado en 1857 y representa, con una composición tradicional, la denuncia de las jerarquías económicas que también operaban en las clases campesinas. En este caso, en el cuadro, aparecen las espigadoras, el nivel más bajo de las clases campesinas, ya que se dedicaban a recoger los restos que han quedado tras terminar la cosecha. Es un cuadro clásico en su estructura, pero que dignifica a una clase apenas representada en la Historia del Arte mostrándola en primer plano a los ojos de la población de París en un momento convulso y complejo de la historia de Francia.
“El entierro de Ornans”, Gustave Courbet (sala 7)

En este cuadro de Courbet se aprecian los principales rasgos del Realismo, un movimiento que respondía a la necesidad del compromiso del arte con la sociedad en la época de las revoluciones del siglo XIX y que está magníficamente representado en el Musée d’Orsay. En la escena que aparece en “El entierro de Ornans”, cortada por sus lados, la presencia de los personajes es abrumadora, individualizada y sin ninguna idealización. Un recorrido por todas las clases sociales de la pequeña comunidad de Ornans transmitido con la dignidad de la pintura histórica y que, al no tener un foco único, nos deja contemplando todos los detalles de la escena por igual.
“Olympia”, Édouard Manet (sala 14)

Inspirada en la “Venus de Urbino” de Tiziano, Olympia es uno de esos cuadros que hay que ver de cerca al menos una vez en la vida por lo que significa para la Historia del Arte. Más allá del escándalo que tuvo lugar con su presentación, mostrando un personaje mitológico como una cortesana parisina que mira de frente de forma desafiante, fue una ruptura de las convenciones académicas que dio paso a la pintura moderna. Supuso una nueva forma de tratar la luz, la pincelada y la realidad sin idealizaciones.
Planta quinta, impresionistas y postimpresionistas
Es el mayor reclamo del museo y el motivo por el que miles de personas vienen a visitarlo. En esta planta se ubica la mayor colección de pintura impresionista y postimpresionista del mundo, unos estilos muy populares que incluyen cuadros de autores como Monet, Degas, Renoir, Gauguin o Van Gogh que todos tenemos en la memoria nada más nombrarlos. Sólo hemos seleccionado unos cuantos, pero cuando pasees por las salas será inevitable que te pares ante otros también muy conocidos.
“Las amapolas”, Claude Monet (Sala 29)

Entre los numerosos cuadros expuestos de Monet en el Musée d’Orsay nos quedamos con este por ser uno de los más populares de su época en Argenteuil, cuando alcanza su plenitud artística. Pintado en 1873, es una de las mejores obras para comprobar cómo el trazo rápido de Monet representaba los paisajes pintados en el momento. Aquí su pincelada da forma a un campo de amapolas con su mujer y su hijo representados dos veces en el lienzo probablemente para dar sensación de recorrido y profundidad. Los contornos se diluyen, las manchas de las amapolas parecen tener ritmo y comienza la evolución del artista hacia la abstracción.
“El columpio”, Auguste Renoir (sala 30)

Este cuadro retrata el instante de una conversación, con esa capacidad que tenía Renoir de detener el tiempo en sus pinturas. En él, se ve la magistral representación de la luz que se filtra por las ramas de los árboles y, además de las cuatro figuras del primer plano, aparece un grupo de cinco personas que también conversan en el fondo y que han sido dibujadas con unos cuantos trazos. Fue durante el verano de 1876, momento en el que el autor realizó su famosa obra “Baile en el Moulin de la Galette” (también de la colección del Museo d’Orsay, aunque no siempre se puede ver expuesto por viajar a distintas exposiciones internacionales) y ambos cuadros comparten personajes, estilos y transmiten la alegría del disfrute del momento.
“Los cepilladores de parqué”, Gustave Caillebotte (sala 31)

El impresionista Caillebotte muestra una mirada muy alejada del movimiento en el que se ha enmarcado su obra en este cuadro. Pintado en 1875, este cuadro destaca por su realismo y se considera una de las primeras obras dedicadas al proletariado urbano. Representa una escena cotidiana: tres trabajadores raspan el suelo de madera de un elegante apartamento parisino, pero la obra es mucho más que eso. Destaca por su cuidada perspectiva, por cómo se refleja la luz sobre el suelo recién trabajado y por la anatomía de los hombres, que aparecen con el torso desnudo y reflejan la admiración de este artista por la pintura clásica.
“Clase de baile”, Edgar Degas (sala 31)

La “Clase de baile” de Degas pertenece a la serie de piezas que el artista dedicó a uno de los grandes temas de su obra: el ballet. En este caso, el autor no se centra en el momento del espectáculo, sino que muestra el trabajo previo del entrenamiento. Aquí, se fija en sus poses y los gestos naturales que reflejan una actitud de cansancio y distracción frente al profesor Jules Perrot. Destaca el punto de vista levemente picado y diagonal y ese encuadre de la escena como si fuera una fotografía, dejando figuras cortadas, tan característico del pintor. Además, merece la pena fijarse en el suelo de tarima, brillante por estar levemente mojado para mejorar el agarre y controlar el deslizamiento.
“La noche estrellada sobre el Ródano”, Vincent van Gogh (sala 36)

Podríamos seleccionar entre las imprescindibles del museo cualquier obra de Van Gogh, pero nos quedamos con “La noche estrellada sobre el Ródano” porque recoge esa forma tan particular y única que tenía el pintor de plasmar la luz nocturna. A diferencia de otros artistas, quería captar esta luz en directo, tal y como la percibía, y alejarse del uso de tonos negros, tal y como se lo transmitía en las cartas a su hermano Theo. Pintada en 1888, pertenece a la etapa de su estancia en Arlés y en ella representa a una pareja paseando en primer plano con las luces de la ciudad de Arlés reflejadas en el Ródano y las estrellas brillando en el cielo.
“Arearea”, Paul Gauguin (Galerie Françoise Cachin)

Arearea, que en tahitiano significa “alegría”, es una de las pinturas más representativas del periodo que Gauguin pasó en Tahití. Pintada en 1892, es uno de los mejores ejemplos del postimpresionismo y atrapa por su innovador tratamiento del color. Verdes, azules, rojos y amarillos luminosos y profundos en figuras delimitadas por contornos definidos que contribuyen a ese simbolismo que transmite la obra, más cercano a representar sentimientos e ideas que a ser un fiel reflejo de la realidad. La obra tiene dos planos: el primero con dos mujeres sentadas acompañadas de un perro y un segundo plano en el que tres mujeres rinden culto a una estatua, que contribuye a potenciar el misticismo de la obra.
“La cosecha”, Anna Boch (sala 37)

Hemos elegido esta obra y esta autora para poner en valor a todas esas mujeres que no han ocupado el lugar que merecen en el mundo del arte. Anna Boch fue pintora, pero también ceramista, coleccionista, mecenas y amante de la arquitectura y la música. Aunque su obra no es todo lo conocida que merece, logró abrirse un hueco entre sus compañeros neoimpresionistas como Signac o Seurat y fue una de las pocas personas que compró un cuadro de Van Gogh en vida del artista. Esta obra luminosa en la que se retrata a una joven en un invernadero mientras recoge flores y bayas está realizada con una pincelada libre que busca expresar emoción. Fue un punto de inflexión en su obra, ya que abandonó las composiciones más oscuras para centrarse en la pintura de escenas rurales y paisajes.
“El circo”, Georges Seurat (sala 38)

Hemos elegido esta obra de Georges Seurat por ser la última que pintó (quedó inacabada) y porque representa su particular estilo pictórico como una de las principales figuras del neoimpresionismo. Utiliza la técnica del puntillismo, aplicando diminutos puntos de color con la intención de que se fusionen en la retina del espectador en lugar de en la paleta del pintor. Además, esta obra es también representativa del interés de Seurat por el dinamismo y la vida moderna, retratando una pista de circo con personajes en movimiento y un público que llena las gradas y da profundidad a la escena, organizando cada figura y cada línea para crear una armonía visual perfectamente equilibrada.
“El talismán”, Paul Sérusier (Galerie Françoise Cachin)

Esta pequeña obra pintada en 1888 que representa un rincón del Bosque del Amor junto al río Aven, es una de las más influyentes en la pintura moderna y fue pintada por Sérusier bajo la dirección de Paul Gauguin, que animó al artista a abandonar la representación fiel de la naturaleza y a expresar el paisaje mediante el color y la emoción. Cuando el autor mostró la pintura a su círculo de artistas en París quedaron fascinados y la bautizaron como “el talismán” por iniciar una nueva forma de entender el arte que anticipó algunas de las claves de vanguardias como el fauvismo.
Planta intermedia (planta 2)
Esta planta cuenta con una terraza con esculturas que si te interesa esta disciplina artística tendrás que dedicarle un rato, ya que alberga piezas muy interesantes. Las salas están dedicadas a las artes decorativas, la fotografía y la arquitectura, además de a estilos como el simbolismo y el naturalismo. También cuenta con algunas colecciones privadas con piezas de gran interés. Hemos seleccionado dos obras imprescindibles.
“Jane Avril bailando”, Henri de Toulouse-Lautrec (sala 68, planta 2)

El reconocible estilo de Toulouse-Lautrec se percibe en este óleo, que también recoge uno de sus temas principales: representar y dignificar los personajes de la noche del París de la Belle-Époque. En este caso, es la bailarina Jane Avril (una de las musas y amigas del artista) que comenzó bailando en el Moulin Rouge y terminó como una de las figuras del Folies-Bergère. Para representarla en movimiento utiliza pintura al óleo diluida con esencia de trementina que le permite captar la elegancia de su silueta y el dinámico juego de piernas sobre un fondo apenas esbozado, en el que aparecen dos figuras, y se percibe parte de la base del cartón sin pintar. Es una buena obra para percibir el estilo moderno que hizo de este pintor uno de los renovadores del arte gráfico al utilizar recursos que después serían empleados por la publicidad y la ilustración.
“El aseo”, Pierre Bonnard (sala 70, planta 2)

Bonnard representa en este cuadro de 1908 una escena cotidiana, con una mujer desnuda que se mira al espejo antes de su aseo, en el que refleja su compleja forma de representar la luz, el color y el espacio. No es un desnudo ni académico ni idealizado, y destaca la riqueza cromática con la que recrea un interior doméstico y el original encuadre que consigue cortando la figura y con el reflejo en el espejo. Bonnard tenía un lenguaje pictórico muy personal basado en la memoria: no pintaba al natural, tomaba apuntes rápidos que recreaba después en su estudio guiándose por el recuerdo y la emoción, lo que contribuía a conseguir la sensación de intimidad que desprenden sus obras y la libertad de representar el espacio.
Guía práctica para visitar el Museo d’Orsay
¿Cómo llegar al Museo d’Orsay?
El museo está en la Esplanade Valéry Giscard d’Estaing. Se puede llegar en metro (línea 12, estación Solférino) y en los autobuses 63, 68, 69, 73, 83, 84, 87 y 94.
¿Qué horario tiene el Museo d’Orsay?
El museo abre de martes a domingo de 9.30 a 18 h. Los jueves hay sesión nocturna hasta las 21.45 h.
¿Qué precio tienen las entradas?
La entrada general cuesta 16 euros si se compra online y 14 si se compra en la taquilla, merece la pena pagar la diferencia de la compra online para no esperar filas. Los menores de 18 años y los menores de 25 de la Unión Europea entran gratis. Ofrece distintas condiciones de tarifa reducida que es conveniente consultar en la web.
¿Por dónde se accede al museo?
Por la Entrada 1-Anden acceden las personas con entradas con fecha y hora y por la Entrada 2-Esplanada los visitantes prioritarios (embarazadas y personas con discapacidad con un acompañante), los visitantes con entradas sin fecha y los visitantes sin entrada.
¿Qué servicios ofrece el museo?
Audioguías, Wi-Fi gratuita, guardarropa, baños, fuentes gratuitas, ascensores, espacios para bebés y servicio de objetos perdidos.
¿Dónde puedo tomar algo en el museo?
En el bonito restaurante Musiam Paris (calificado como monumento histórico), en el Café Campana (justo detrás del reloj), en La Terraza y en el Café de la Gare (bajo la nave central)
Más información:
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