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Un viaje con niños por Alemania siguiendo los pasos de los Hermanos Grimm

Este es un viaje por la geografía de la imaginación europea a través de unas historias que han compartido varias generaciones. La ruta de los Hermanos Grimm propuesta en este artículo sale desde la universidad de Gotinga hasta el puerto de Bremen, con un itinerario que enlaza las ciudades, las leyendas y los paisajes que inspiraron algunos de los cuentos más famosos de la tradición occidental.

Estatua del flautista de Hamelín. © Manena Munar
Estatua del flautista de Hamelín. © Manena Munar

La ruta de los Hermanos Grimm, que el pasado año celebró el 50 aniversario de su creación, permite vivir a los más pequeños (y también a los mayores) sus cuentos preferidos en primera persona: besar a la Niña de los Gansos, caminar tras el flautista de Hamelín o volar con el barón de Münchhausen. Además, en la ruta se incluyen ciudades llenas de encanto y esos verdes paisajes alemanes que nos cautivan en cada viaje.

Gotinga, el primer hogar de los Grimm

El recorrido puede comenzar en Gotinga (Göttingen en alemán), en la Baja Sajonia, una ciudad universitaria donde, dicen, basta con respirar para aprender. No en vano ha dado cuarenta y cuatro premios Nobel, uno por cada tres mil habitantes. El mismo aire que respiraron Jacob y Wilhelm Grimm cuando ejercían aquí como profesores universitarios hasta que sus desavenencias con el rey Ernesto Augusto I de Hannover les obligaron a marcharse.

Mientras vivían en la ciudad, los Grimm recogieron la leyenda de Gänseliesel, la Niña de los Gansos. Su estatua del siglo XIX, de estilo modernista, se alza sobre un antiguo pozo en la Plaza del Mercado, frente al Ayuntamiento. Es el gran icono de Gotinga. Según la tradición universitaria, todo estudiante que se gradúa debe acudir a besar a la joven estatua antes de iniciar su doctorado, como augurio de buena fortuna académica.

Estatua de la Niña de los Gansos. © Manena Munar
Estatua de la Niña de los Gansos. © Manena Munar

La fábula cuenta la desgracia de una princesa embrujada por una temible bruja que la obligaba a cuidar gansos, que eran en realidad doncellas hechizadas. Pero, como manda la moraleja, la verdad termina imponiéndose: se descubre su origen real, se casa con el príncipe esperado y ambos viven felices para siempre.

Tras el beso ritual a la escultura comienza la celebración. En los bajos del Ayuntamiento, entre jarras que van y vienen, el histórico restaurante Bullerjahn sigue llenando de cerveza las mesas estudiantiles. Aquí se puede degustar una magnífica Einbecker, la cerveza tradicional de la región. Y, cómo no, los recién graduados levantan sus jarras brindando por su Niña de los Gansos.

La Abadía Imperial de Corvey

A las afueras de Höxter (localidad que algunos vinculan con el origen del cuento de Hansel y Gretel) se encuentra la impresionante Abadía Imperial de Corvey. Fundada en el año 822, este monasterio benedictino, hoy Patrimonio de la Humanidad, conserva una excepcional fachada occidental de estilo carolingio y la iglesia barroca de San Esteban y San Vito.

Abadía de Corvey. © Manena Munar
Abadía de Corvey. © Manena Munar

Durante siglos fue un influyente centro espiritual, económico y cultural del Sacro Imperio Germánico y su magnífica biblioteca alberga cerca de 74.000 volúmenes. El jardín, lleno de plantas aromáticas cuidadosamente cultivadas, añade un encanto inesperado al conjunto.

En el pequeño cementerio de la iglesia descansa Hoffmann von Fallersleben, autor del poema que acabaría convirtiéndose en el himno nacional alemán.

Bodenwerder y el fabulador barón de Münchhausen

Pocos personajes literarios resultan tan extravagantes como el barón de Münchhausen. Tan famoso fue por sus exageraciones que incluso dio nombre a un trastorno facticio. Sin embargo, las aventuras atribuidas al coronel Karl Friedrich Hieronymus von Münchhausen siguen fascinando a lectores de todas las edades.

¿Quién no recuerda aquella historia en la que regresa a casa volando agarrado a una bandada de gansos? ¿O su insólito viaje sobre la bala de un cañón? ¿O su expedición, mucho antes que nadie, a la luna?

Bodenwerder, pueblo natal del Barón de Munchhausen. © Manena Munar
Bodenwerder, pueblo natal del Barón de Munchhausen. © Manena Munar

Estas historias fueron recopiladas por Rodolphe Erich Raspe a partir de los relatos que el propio barón narraba a los vecinos de Bodenwerder, su pueblo natal, tras regresar de Rusia, donde había servido como paje de Antonio Ulrico II y como soldado del ejército ruso en las guerras contra los turcos.

Hoy, su memoria sigue viva en el museo dedicado a su figura, donde cada sala celebra el universo delirante de uno de los grandes fabuladores de Europa.

Museo del Barón de Münchhausen. © Manena Munar
Museo del Barón de Münchhausen. © Manena Munar

Hamelín, tras la hechicera flauta

Pocos relatos infantiles resultan tan inquietantes como el del Flautista de Hamelín. La historia cuenta cómo un humilde músico liberó al pueblo de una plaga de ratas hipnotizándolas con su flauta y conduciéndolas hasta el río Weser. Pero, cuando los habitantes se negaron a pagarle, el flautista regresó para vengarse: esta vez atrajo a ciento treinta niños del pueblo, que lo siguieron sin rechistar y desaparecieron para siempre. Algunos historiadores creen que la desaparición de los niños pudo tener un origen real, quizá relacionado con las migraciones hacia otras regiones germanas que necesitaban mano de obra.

Mural en la ciudad de Hamelín. © Manena Munar
Mural en la ciudad de Hamelín. © Manena Munar

Hoy Hamelín recuerda la leyenda en cada rincón: ladrillos de bronce con ratas incrustadas en el pavimento, la supuesta casa del flautista en Osterstrasse, el carillón del Ayuntamiento o el museo local, donde un encantador teatrillo mecánico recrea la historia.

Entre los personajes actuales destaca Michael Boyer, quien desde hace décadas encarna al flautista para los visitantes. Tras la comida suele recoger a los viajeros en el restaurante medieval Pfannekuchen (pfannekuchen-hameln.de), famoso por sus crepes, y guiarlos por la ciudad mientras interpreta su flauta.

Michael Boyer hace las delicias de las familias encarnando al popular flautista. © Manena Munar
Michael Boyer hace las delicias de las familias encarnando al popular flautista. © Manena Munar

El castillo de Hämelschenburg

Camino de Weserbergland aparecen pequeños pueblos y bosques densos donde cualquier historia parece posible. El susurro del viento, los claros de luz entre los árboles y las nubes que dibujan figuras evocan el ambiente de los cuentos recopilados por los Grimm.

En medio de este paisaje surge el castillo de Hämelschenburg, levantado en 1588 por el mercader Jürgen von Klencke y su esposa Anna von Holle. Este magnífico edificio renacentista, con detalles barrocos y guillerminos, permanece desde hace quinientos años en manos de la misma familia.

Castillo de Hämelschenburg. © Manena Munar
Castillo de Hämelschenburg. © Manena Munar

El retrato de Anna von Holle, una mujer culta y extraordinariamente inteligente para su época, cuelga en una de las salas. Gracias a su talento estratégico logró proteger el castillo durante conflictos tan devastadores como la Guerra de los Treinta Años. Su propietario, Lippold von Klencke, abre actualmente parte del edificio al público y relata con serenidad la historia de su linaje.

Bremen y sus músicos

Bremen sorprende desde el primer paseo. Sus símbolos (los molinos, la figura de Rolando, la estatua de los Músicos de Bremen o la singular calle Böttcherstrasse) revelan una ciudad rica en historia y carácter.

La escultura de los célebres músicos, junto al Ayuntamiento, muestra al burro, el perro, el gato y el gallo subidos unos sobre otros. Según el cuento de los Grimm, estos animales, demasiado viejos para trabajar en las granjas, decidieron buscar fortuna en Bremen y acabaron formando una peculiar banda musical.

El encanto del barrio de Schnoor

El barrio medieval de Schnoor (cuyo nombre significa “cuerda”) parece sacado de un libro de cuentos. Sus estrechas calles serpentean entre casas de madera con tejados puntiagudos que despiertan la imaginación de cualquier visitante. Aquí uno casi espera encontrarse con Pulgarcito doblando una esquina o con el barón de Münchhausen surcando el cielo en alguna de sus increíbles aventuras.

Casa en el barrio de Schnoor. © Manena Munar
Casa en el barrio de Schnoor. © Manena Munar

Hoy el barrio está lleno de cafés y pequeñas tiendas que ocupan antiguos talleres. En muchas fachadas aún se conservan las hornacinas donde antaño se colocaban búhos para cazar roedores.

El molino de Bremen

De los seis molinos que antaño aprovechaban el viento en la ciudad, solo queda uno: el llamado Molino de Bremen, reconstruido en el siglo XIX por el maestro molinero Berend Erling tras un incendio devastador. Hoy ya no muele trigo, sino que funciona como restaurante. En su carta aparecen especialidades tradicionales como arenques del Báltico o Labskaus, acompañados por la cerveza local Beck’s Mühle.

Bremen ultramar

El agua ha marcado el destino de Bremen. A lo largo de la ribera del río Weser se suceden bares y restaurantes junto al antiguo puerto fluvial de Schlachte, que durante siglos fue la puerta de entrada de mercancías de ultramar. Uno de los recuerdos más evocadores es el velero Alexander von Humboldt (alex-das-schiff.de), hoy convertido en hotel restaurante.

Puerto de Bremen. © Alain Rouiller
Puerto de Bremen. © Alain Rouiller

Entre esos productos llegados de lejos destacó el café. El empresario Ludwig Roselius, fundador de Kaffee HAG, invirtió gran parte de su fortuna en promover el arte en su ciudad. Su legado se percibe especialmente en Böttcherstrasse. Al atravesar su arco de entrada aparece el relieve dorado Der Lichtbringer (Portador de la Luz), obra de Bernhard Hoetger, que da paso a un sorprendente conjunto de edificios donde conviven cultura, comercio y arquitectura expresionista.

Entre ellos destacan el museo dedicado a la pintora Paula Modersohn-Becker, pionera del expresionismo, y la Casa Atlantis, restaurada tras la guerra por Ewald Mataré. En su interior se encuentra la espectacular sala Himmelssaal (Salón Celestial), coronada por una cúpula de inspiración art déco.

El Museo Kunsthalle Bremen

La visita termina en el Kunsthalle Bremen (kunsthalle-bremen.de), museo fundado en 1823 que reúne obras de Monet, Munch, Beckmann, Dürer, Picasso o Turrell. Entre las piezas contemporáneas destaca la provocadora escultura de los Músicos de Bremen del artista italiano Maurizio Cattelan y la instalación luminosa Pixelforest Wisera, de Pipilotti Rist, que cierra el recorrido.

Un final perfecto para un viaje donde los cuentos de la infancia parecen cobrar vida.

Obra de los Músicos de Bremen de Maurizio Cattelan en el Kuntshalle Bremen. © Manena Munar
Obra de los Músicos de Bremen de Maurizio Cattelan en el Kuntshalle Bremen. © Manena Munar

Guía práctica- preguntas frecuentes

¿Cómo llegar?

Los aeropuertos cercanos a la ruta son los Frankfurt, Hannover y Bremen. Una buena opción es volar a Frankfurt (a 226 kilómetros de Gottinga) y volver por el aeropuerto de Bremen, situado muy cerca del centro de la ciudad.

¿Cómo organizar el itinerario en coche en la Ruta de los Hermanos Grimm ?

Lo mejor sin duda es alquilar un coche para hacer la ruta a vuestro aire, parando donde más os apetezca y dedicando el tiempo que queráis a cada ciudad. El total de la ruta es de unos 330 kilómetros, por lo que puede realizarse en unos cinco días. Las distancias entre ciudades son, aproximadamente:

Gotinga - Höxter (Abadía de Corvey): 75 km.

Höxter - Bodenwerder: 40 km.

Bodenwerder - Hamelín: 25 km.

Hamelín - Castillo de Hämelschenburg: 15 km.

Hamelín - Bremen: 150 km.

¿Dónde dormir en esta ruta?

Muy cerca de lo que fue el hogar de los Hermanos Grimm, frente a la antigua muralla y a pocos pasos de la estación, se encuentra el Hotel Gebhards (gebhardshotel.de), un alojamiento que combina sobriedad y calidez con esa elegancia discreta tan propia del norte alemán.

Cerca de Hamelín, el Castillo de Münchhausen, del siglo XVI, que no guarda relación con el famoso barón, alberga un elegante hotel de cinco estrellas. Sus habitaciones se abren a un jardín cuidado y a un campo de golf. El complejo cuenta además con spa y tres restaurantes: el refinado Hilmar, el tradicional Schlosskeller y el más informal Schwöbbar, ideal para degustar pequeños platos.

¿Cómo preparar un viaje con niños a la Ruta de los Hermanos Grimm?

Leer previamente los cuentos de los Hermanos Grimm

Este viaje es perfecto para realizar con niños hasta doce años, pero el viaje transcurre por paisajes y ciudades tan encantadoras que gustará a todas las edades. En cualquier caso, viene muy bien leer estos cuentos de los Hermanos Grimm antes del viaje, para que después los más pequeños busquen los elementos relacionados con los relatos que hay en la ruta, que son muchos.

Visitar museos interactivos

El Museo del barón de Münchhausen o el Museo de Hamelín incluyen elementos escenográficos que resultan muy entretenidos.

Aprovechar la naturaleza

Cuando se viaja con niños viene muy bien buscar momentos para que se desfoguen al aire libre. En Alemania siempre hay un parque o un espacio verde cerca, como los bosques de Weserbergland, que ofrecen rutas fáciles para caminar o montar en bicicleta.

Más información en:

Turismo de Alemania.

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