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Viaje para dos por el Ticino entre valles, lagos y ciudades históricas

En un viaje en pareja por el Ticino se visitan ciudades históricas como Lugano, Locarno o Bellinzona, los lagos Lugano y Maggiore y valles profundos como el que recorre el río Verzasca. En este artículo os proponemos algunos de los lugares que no podéis perderos, pero, sobre todo, intentamos transmitiros la idea de que os perdáis sin prisa por las carreteras secundarias de este singular cantón suizo.

Piscinas naturales de Lavertezzo. © Susana García
Piscinas naturales de Lavertezzo. © Susana García

En el Ticino el paisaje es suave. Se redondea en sus montañas, no muy altas, y en las copas de sus árboles, con un perfil muy diferente de las abruptas cumbres alpinas cubiertas de puntiagudos abetos del resto de Suiza. Aquí, es suave el paisaje, suave la temperatura y suave el carácter de los ticinenses, marcado por ese espíritu italiano que les acerca al Mediterráneo. Y sí, es un tópico decir que el Ticino es la Suiza más mediterránea, pero es totalmente cierto que aquí se vive diferente, se come diferente y la luz es distinta a la del resto del país alpino.

Es una región perfecta para un viaje para dos por muchas razones. Sus ciudades están bordeadas por bonitos paseos y tienen buenos restaurantes y los lagos de Lugano y Maggiore proporcionan un paisaje excepcional y es una delicia recorrerlos en barco. Pero, sobre todo, el Ticino es uno de esos lugares para visitar en coche con calma y perderse por sus carreteras secundarias, esas que suben montañas, atraviesan valles y circulan bordeando esos lagos siempre presentes, mientras se descubren diminutos pueblos llenos de encanto local. Esos a los que les basta con una iglesia de alto campanario, casas de piedra y un pequeño grotto donde tomar un poco de queso acompañado de un vino de la zona para hacerte sentir que realmente estás de vacaciones.

Vista desde Corippo, el pueblo más pequeños de Suiza. © Susana García
Vista desde Corippo, el pueblo más pequeños de Suiza. © Susana García

Ciudades que se asoman a los lagos

En el Ticino las ciudades principales han nacido y crecido a orillas de esos grandes lagos que definen la región, el lago de Lugano y el lago Maggiore (compartidos con la vecina Italia, en la que también se ubica el cercano lago de Como). En ellas, la vida se vuelca en sus bonitas rivas perfectas para pasear y tomar algo en sus terrazas, sobre todo cuando el buen tiempo acompaña.

Lugano

Lugano, el corazón del Ticino, es una ciudad para pasear sin prisa por su casco histórico. La Piazza Riforma es un buen punto de partida y, desde ahí, se puede caminar durante unos diez minutos hasta el Parco Ciani, un precioso jardín centenario con zonas verdes, esculturas y embarcaderos que se abre al lago, como casi todo en esta ciudad. Para una visita cultural, el LAC Lugano Arte e Cultura concentra durante todo el año exposiciones, conciertos y teatro. La visita imprescindible de Lugano es subir en el funicular al monte Brè para obtener las mejores vistas de la ciudad y el lago.

Vista de Lugano y su lago. © Susana García
Vista de Lugano y su lago. © Susana García

Pero el lago de Lugano es mucho más que la ciudad que le da nombre. También se ubican localidades como Gandria, un antiguo puerto de pescadores; Morcote, con bonitos soportales y jardines; y Porlezza, en la parte italiana, un pueblo perfecto para dar un paseo y tomar algo en alguno de sus restaurantes. Para visitarlas se pueden utilizar los barcos de línea, siempre puntuales, pero una muy buena alternativa es alquilar un taxi náutico para contemplar los increíbles paisajes del lago y la perspectiva de las ciudades desde el agua.

Ascona y Locarno, a orillas del lago Maggiore

Estas dos activas ciudades se asoman al lago Maggiore, el más grande de la zona y que también comparte Suiza con Italia. Ascona, que fue un antiguo pueblo de pescadores, conserva un bonito casco histórico que se extiende desde el borde del lago en lugares como la coqueta Piazza Giuseppe Motta, con cafeterías y boutiques. Muy cerca se encuentra la iglesia de San Pietro e Paolo, cuyo origen se remonta a la Edad Media y que conserva un elegante campanario románico.

Riva de Ascona. © Susana García
Riva de Ascona. © Susana García

Siguiendo el borde del lago y prácticamente sin separación se encuentra Locarno, cuyo corazón es la Piazza Grande, una gran plaza porticada considerada una de las más bellas de Suiza y escenario cada verano de su prestigioso Festival Internacional de Cine. Una visita imprescindible es el Santuario de la Madonna del Sasso, al que se llega también en uno de los medios de transporte más populares de Suiza: el funicular. Muy cerca se ubica el castello Visconteo, de origen medieval, que fue remodelado por la familia Visconti de Milán.

Bellinzona, el corazón del Ticino

La fortificada ciudad de Bellinzona, capital del cantón, parece marcar la división entre los dos tipos de paisaje que encontramos en el Ticino: al sur, el paisaje suave que rodea los lagos y esas ciudades de aspecto italiano que se han formado en sus riberas; y, al norte, comienza el paisaje de valles profundos que anticipan los grandes pasos alpinos de San Gotardo, San Bernardino y Lucomagno que ya asociamos con la imagen que tenemos de la Suiza alpina.

Vista de Bellinzona desde Castelgrande. © Susana García
Vista de Bellinzona desde Castelgrande. © Susana García

Bellinzona es una ciudad elegante, que combina como ninguna los espíritus suizo e italiano que conviven en todo el cantón. Cuenta con uno de los conjuntos fortificados medievales mejor conservados de Europa, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 2000. Castelgrande es la fortaleza más antigua y la que domina todo el perfil de la ciudad. Se puede acceder por un ascensor excavado en la roca y, ya en lo alto, el paisaje que ofrece de los valles y viñedos es de los que no se olvidan. Las otras dos fortalezas son el Castello di Montebello, rodeado de un impresionante sistema de murallas defensivas que descienden hasta la ciudad y que alberga el Museo Cívico y Arqueológico; y el Castello di Sasso Corbaro, en una colina independiente, construido a finales del siglo XV y que ofrece también unas vistas espectaculares.

El casco histórico, al que se puede descender caminando desde Castelgrande, es un agradable conjunto de calles peatonales, plazas fortificadas y edificios renacentistas. Destacan la Piazza Collegiata y la Piazza Nosetto, además de la Colegiata de San Pedro y San Esteban, de estilo renacentista.

Presa de Verzasca. © Susana García
Presa de Verzasca. © Susana García

El Valle de Verzasca

Recorrer el valle de Verzasca es una excursión imprescindible al visitar el Ticino ya que proporciona una de esas jornadas entre paisajes naturales tan idílicos que casi parecen de mentira. La ruta comienza en la presa de Verzasca, de 220 metros, famosa por el salto inicial de la película de James Bond GoldenEye y que ofrece una panoramica única del lago de Vogorno. Por cierto, para los valientes, aquí se realiza uno de los saltos de puenting más altos de Europa. Desde aquí no hay pérdida para continuar la ruta, ya que hay una única carretera que recorre junto al río este estrecho valle, dejando una vista más espectacular que la anterior en cada curva.

La localidad más visitada del valle es Lavertezzo, con el romano Ponte dei Salti con sus dos arcos sobre el río. Es el mejor lugar para contemplar las pozas de agua transparente que deja el río y, si el tiempo acompaña, descender hasta ellas para darse un baño que será, con toda seguridad, uno de los más refrescantes que os deis en vuestra vida, ya que la temperatura del agua no suele superar los diecisiete grados ni en verano.

Ponte dei Salti en Lavertezzo. © Susana García
Ponte dei Salti en Lavertezzo. © Susana García

Por la misma carretera se llega hasta Sonogno, el último pueblo del valle. Aquí se ubica el Museo del Valle Verzasca y es el mejor punto de partida si buscáis completar la excursión con una ruta de senderismo por la zona. Una muy buena opción es realizar una caminata de unos treinta minutos hasta la espectacular cascada de la Froda.

La vuelta tiene que ser sí o sí por la misma carretera y, al pasar Lavertezzo, podéis tomar una diminuta y estrecha carretera para ascender hasta el singular pueblo de Corippo, considerado el pueblo más pequeño de Suiza.

Rincón de Corippo. © Susana García
Rincón de Corippo. © Susana García

Guía práctica del Ticino

Cómo llegar

Para llegar al Ticino lo mejor es volar a Milán (a los aeropuertos de Linate o de Malpensa). Desde ahí, en coche de alquiler se tarda aproximadamente una hora y media en llegar hasta Lugano. Para llegar en tren hay que ir hasta la Estación Central del Milán y desde ahí coger un tren directo hasta Lugano o Locarno.

Cómo moverse

La mejor opción es el coche de alquiler para moverse libremente entre las distintas ciudades y poder acceder de forma sencilla hasta los miradores y los pueblos más pequeños. También está la opción del transporte público, que en Suiza funciona de forma excelente y es siempre puntual. En tren, se tarda, por ejemplo, 20 minutos entre Lugano y Locarno o 16 minutos entre Locarno y Bellinzona. El valle de Verzasca se puede visitar con las paradas del autobús 321 que sale desde Tenero y en los lagos hay ferrys que enlazan las distintas ciudades.

Dónde dormir

La oferta de alojamiento es amplia tanto en Lugano como en Locarno o Ascona. Si os queréis dar un capricho, una opción perfecta para parejas es Aria Retreat & Spa, ubicado dentro del Parco San Marco Hotels & Beach Resort, a orillas del lago Lugano, en la parte italiana y a pocos kilómetros de la frontera con Suiza. Un lugar idílico con paisajes de ensueño a tan solo 15 kilómetros de Lugano.

Dónde comer

La gastronomía del Ticino combina la tradición de la gastronomía de la Lombardía italiana con productos y sabores alpinos de Suiza. Uno de los platos tradicionales es la polenta, elaborada con harina de maíz, que suele ser el acompañamiento principal de carnes guisadas. También se pueden comer excelentes platos de pasta, risottos y embutidos y quesos artesanales. Para brindar, es obligatorio probar el Merlot de la zona y, de postre, la torta di pane, un pastel elaborado con pan, leche, cacao, frutos secos y pasas, o los helados artesanos.

Grotto San Rocco, en Lugano. © Susana García
Grotto San Rocco, en Lugano. © Susana García

No te pierdas la experiencia de comer en alguno de sus grottos, tabernas típicas de la zona, muchas de ellas con menú cerrado. En torno a Lugano, son muy recomendables el Grotto San Rocco, el Grotto Ticinese y el Grotto dell’Ortiga.

Más información:

Oficina de Turismo de Suiza.

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