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Uzbekistán con amigas, un viaje por las Rutas de la Seda

Los grandes viajes se miden en experiencias, en sensaciones y en la capacidad de sorpresa que un destino es capaz de generar en los viajeros. Y no hay ninguna duda de que recorrer las ciudades de Uzbekistán es un viaje de los grandes, de los que te sobrecogen y te dejan con ganas de más. En este artículo te contamos una ruta para recorrer las ciudades principales de este país en un viaje con amigas, de esos que dejan recuerdos imborrables.

Cúpula de la madrasa Mir Arab de Bujará. © Susana García
Cúpula de la madrasa Mir Arab de Bujará. © Susana García

Uzbekistán no cabe en una foto. Ni en cien, ni en mil. De hecho, lo más probable que te pase a la vuelta es que te entre una de esas nostalgias viajeras que te hacen arrepentirte por no haberle dedicado más días a este viaje, por no tomar un café más en una de esas madrasas de azulejos relucientes y arquitectura apabullante que se suceden en los cascos históricos de sus ciudades.

Es un destino que puedes visitar sola, en pareja o en familia (con niños no muy pequeños), pero es perfecto para viajar con amigas, y te das cuenta en cuanto empiezas a recorrer sus lugares turísticos. En ellos, verás numerosos grupos de mujeres uzbekas, la mayoría de más de sesenta años, realizando turismo interior por su país. Riendo, conversando y pidiéndote con una sonrisa que te unas a sus fotos. Todas con bonitos pañuelos en su cabeza y una ropa en la que nunca falta un poco de brilli-brilli. El guía nos cuenta que es costumbre que las familias aporten a esas madres y abuelas, que han trabajado toda su vida en un momento muy complejo de la historia de su país y que ahora tienen pensiones muy bajas, algo de dinero como regalo de fin de año para que puedan viajar con sus amigas. Y no nos puede parecer mejor idea esta costumbre.

Mujeres uzbekas visitando el Mausoleo Bakhauddin-Nakshbandi, en Bujará. © Susana García
Mujeres uzbekas visitando el Mausoleo Bakhauddin-Nakshbandi, en Bujará. © Susana García

No quedan dudas de que Uzbekistán es un destino turístico de primer orden por su cultura antigua y su maravillosa arquitectura cubierta de azulejos turquesa que brillan con los rayos de sol. Un país que ha sido el motor cultural de Asia Central a través de sus madrasas (universidades) y desde el que se difundió el Islam en la región. Pero lo que quizá no esperas cuando lo visitas es su interesante presente, todo lo que cuenta un país que ha empezado ya su desarrollo turístico con determinación y buenas ideas y que seguro que se va a convertir en uno de los destinos estrella de los próximos años. Porque Uzbekistán cuenta con una combinación imbatible: es un país laico que apuesta por su joven democracia, pero a la vez tradicional, orgulloso de una cultura antigua y una tradición religiosa que les fue arrebatada con la conquista soviética. Y es un lugar extremadamente limpio, seguro, con unas infraestructuras turísticas que mejoran cada año, y un carácter amable, de los que no presionan en los bazares ni restaurantes y te hace sentir como en casa.

Qué marca la personalidad de Uzbekistán

Uzbekistán tiene una personalidad propia, única y orgullosa. Aunque sus fronteras fueron definidas por la Unión Soviética, que decidió que esta era la república que se iba a dedicar al cultivo de algodón, su identidad tiene que ver más con sus pueblos originales, con los grandes imperios que llegaron de la mano de Alejandro Magno y Gengis Khan y con la figura conquistadora y amante del arte y la arquitectura de Amir Timur (Tamerlán). Esta figura histórica, presente en todo el país, creó desde Samarcanda un imperio que llegó desde China hasta Irán, Rusia y Constantinopla en el siglo XIV. Pero, sobre todo, Uzbekistán muestra un espíritu emprendedor y activo ligado a la diversidad y vocación comercial que le ha dado el paso de las diferentes Rutas de la Seda por sus ciudades y paisajes.

Puesto del mercado de Chorsu, en Taskent. © Susana García
Puesto del mercado de Chorsu, en Taskent. © Susana García

Hoy en día, es un país joven y en pleno desarrollo, que intenta mantenerse independiente en el complicado entorno geopolítico y económico que es Asia Central, entre la presión de Rusia y su afán por expandir su comercio de gas, oro y materias primas más allá, con la vista puesta en China, India y la Unión Europea.

Taskent, una capital en pleno desarrollo

La capital uzbeka vive en esa contradicción de las ciudades en desarrollo continuo que mezclan los rincones más tradicionales de mezquitas y madrasas con esa modernidad que toma forma de centros comerciales y fuentes con espectáculos de luz y sonido como los de Taskent City, donde se ubican hoteles de lujo y algunos de los mejores restaurantes internacionales.

El corazón religioso de Taskent está en la plaza de Khast Imam. Aquí, detrás de la gran mezquita Hazrati Imam, se abre este espacio donde se encuentran la biblioteca (que guarda un antiguo y famoso Corán del siglo VIII entre otras piezas), la mezquita de Tillya Sheikh y, al fondo, la preciosa madrasa Barak Kan, del siglo XVI, hoy ocupada por tiendas de artesanía. Al lado de este conjunto arquitectónico, se abre otro gran espacio con el Centro de la Civilización Islámica, un enorme edificio terminado en 2026 que mantiene los códigos visuales de azulejos turquesas y azules que te acompañarán en todo el viaje, pero envueltos en mármol blanco y con un estilo arquitectónico más actual.

Madrasa Barak Kan. © Susana García
Madrasa Barak Kan. © Susana García

Los mercados dicen mucho de las ciudades, y el Mercado Chorsu de Taskent, con más de quinientos años de antigüedad, es un paseo por sus verduras de temporada, sus carnes más consumidas y, sobre todo, por sus especias y frutos secos. Después, puedes coger el metro, en la estación Chorsu (línea azul, llamada Uzbekistán) y bajarte en alguna de sus estaciones de metro históricas como Mustaqillik Maydon (con estilo soviético clásico), Alisher Navoi (en estilo islámico) o Kosmonavtlar (dedicada a los astronautas y a la carrera espacial soviética). Todas monumentales y con interesantes decoraciones.

Las grandes avenidas de Taskent dejan algunos monumentos que llegaron con la independencia y otros que forman parte de la historia del siglo XX, como el Monumento a la Independencia, el Palacio de los Romanov (en renovación, se puede contemplar desde fuera) o el Teatro Navoi (de 1948), dedicado a la ópera y el ballet.

Jiva y su ciudad antigua

Jiva guarda dentro de su muralla la ciudad antigua, conocida como Ichan Kala, un auténtico tesoro arquitectónico con más de cincuenta monumentos históricos, restaurantes y algunos hoteles que ocupan también edificios antiguos que han rehabilitado. Es un espacio reconstruido tras los bombardeos de los soviéticos en 1920 que ha conseguido mantener ese ambiente de medina con calles por las que perderse y en las que sorprenden esos edificios con esa decoración de azulejos que no puedes dejar de fotografiar.

Conjunto escultórico de los Dos Amigos en Jiva, junto al minarete corto de Kalta Minar. © Susana García
Conjunto escultórico de los Dos Amigos en Jiva, junto al minarete corto de Kalta Minar. © Susana García

La ciudad tiene cuatro puertas. Normalmente se accede por la puerta oeste y, enseguida, recibe el rotundo y reluciente minarete corto Kalta Minar. Al lado, merece la pena entrar a la madrasa convertida en el hotel Orient Star para ver su estructura típica: habitaciones en dos plantas que miran a la plaza central donde se desarrollaba el día a día de los estudiantes y que hoy se dedica también a los espacios comunes del hotel. Un entorno arquitectónico que verás muchas veces mientras estás de viaje por Uzbekistán.

Otros lugares imprescindibles son el palacio Kuhna Ark, el minarete Islam-Khodja, el mausoleo de Pakhlavan Mahmud, el palacio Toshhovli (conocido como el Palacio de Piedra) y la antigua mezquita Juma con sus maravillosas columnas de madera tallada. Lo que queda es disfrutar de este maravilloso espacio, detenerse en uno de sus restaurantes, curiosear por sus tiendas y, al atardecer, subir a la muralla para contemplar una de las panorámicas más bonitas que verás en tu vida.

Jiva al atardecer. © Susana García
Jiva al atardecer. © Susana García

Bujará, la ciudad para perderse

En cuanto pones un pie en Bujará ya sabes que se te va a hacer corta la estancia. Y no sólo porque haya muchos monumentos que ver, que los hay. La sensación de falta de tiempo tiene más que ver por ser una de esas ciudades que hay que disfrutar despacio, sentándose en sus parques, disfrutando de largas sobremesas en esos restaurantes que ocupan lugares históricos y deambulando por sus mercados y tiendas de artesanía.

La ciudadela y los mausoleos

Puedes comenzar por la preciosa mezquita de Bolo Hauz, construida a principios del siglo XVIII, y situada frente al Ark (ciudadela). Esta gran fortaleza almenada fue el centro administrativo de la ciudad y residencia del emir hasta 1920. Conserva una de sus mezquitas, una bonita plaza de armas y, sobre todo, unas vistas espectaculares sobre la ciudad antigua de Bujará. En esta misma zona de la ciudad merece la pena acercarse a conocer el mausoleo de Ismail Samani (del siglo IX), uno de los gobernantes más importantes de la dinastía samánida; y el mausoleo de Chashma Ayub, cuyos edificios más antiguos son del siglo XII, de la dinastía de los karakhanides, y que hoy acoge el Museo del Agua.

Puerta de entrada al Ark. © Susana García
Puerta de entrada al Ark. © Susana García

La ciudad antigua

Después, hay que entrar por fin al corazón de la ciudad antigua, que se construyó prácticamente en el siglo XVI después de la destrucción de los mongoles de Gengis Khan, aunque conserva algunos edificios más antiguos. Aquí se suceden una serie de plazas, calles y mercados con tantos elementos que captarán tu atención y te dará la sensación de no poder abarcarlo todo, así que lo mejor es tomárselo con calma y recorrerla varias veces si es necesario (es imprescindible un paseo por la noche para ver esta zona iluminada).

Comienza por el complejo Poi Kalon, corazón de la ciudad durante varios siglos, que guarda la madrasa Mir Arab y la mezquita Kalon con su minarete, que fue más una torre de vigilancia que un lugar de llamada a la oración por su altura. La mezquita es impresionante por sus dimensiones y decoración y es uno de los edificios más antiguos de la Bujará medieval.

Casco histórico de Bujará visto desde el Ark. © Susana García
Casco histórico de Bujará visto desde el Ark. © Susana García

Un poco más adelante aparece otro de esos lugares mágicos de Bujará. Las madrasas de Ulugbek y la de Abdulaziz Khan que, una frente a la otra, parecen querer competir en tamaño y presencia. La madrasa de Ulugbek es la más antigua de Bujará y un lugar donde, además de teología, se estudiaba astronomía, matemáticas, geografía y filosofía siguiendo los pasos del rey y astrónomo Ulugbek, nieto del gran conquistador Tamerlán. Y la de Abdulaziz Khan, del siglo XVI, es una de las madrasas más profusamente decoradas y policromadas, con complejas imágenes de dragones chinos y pájaros de la felicidad. Para contemplarlas con calma y empaparse del ambiente, lo mejor es tomar algo en la terraza del café Ulugbek, ubicado en esta plaza, que tiene unas excelentes vistas.

La plaza Lyabi Khauz

Seguimos caminando y atravesando las características cúpulas comerciales de Bujará, conocidas como toquis, que se construían en los cruces de las calles principales para dar cobijo a los comerciantes. Se llega así a la plaza Lyabi Khauz, donde se encuentra la impresionante madrasa Nadir Divan-begi, del siglo XVII. En ella te sorprenderá la decoración de su fachada con dos enormes aves y una cara que representa el sol, algo inusual en el mundo musulmán (que no reproduce ni humanos ni animales en el contexto religioso) y que tiene cabida en este espacio al haber sido una madrasa sin mezquita.

Madrasa Nadir Divan-begi. © Susana García
Madrasa Nadir Divan-begi. © Susana García

En las afueras de Bujará

Hay dos lugares que merece la pena visitar fuera del casco histórico de Bujará: el complejo dedicado al sufí Bakhauddin Nakshbandi, que alberga su mausoleo (del siglo XIV) además de mezquitas y jardines, y que es un lugar lleno de paz frecuentado por uzbekos. Y el palacio Sitorai-Mokhi-Khosa, la residencia de verano de los últimos emires de Bujará, que se construyó a principios del siglo XX con la participación de arquitectos rusos. Un espacio con una curiosa mezcla arquitectónica y agradables jardines.

La brillante Samarcanda

Después de un viaje que lleva por ciudades que sorprenden tanto por su permanente transformación como por su capacidad de mantener el legado de una historia antigua llena de peso, Samarcanda aparece como una promesa de final perfecto de un viaje por Uzbekistán.

Plaza de Registán. © Susana García
Plaza de Registán. © Susana García

La Plaza de Registán

El primer impacto debe ser la majestuosa plaza de Registán, uno de esos lugares que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Aquí, las dimensiones de las fachadas de sus madrasas y de la plaza pierden toda lógica. Al frente, la madrasa de Tilya Kora, de mediados del siglo XVII (la última que se construyó en la plaza sobre un antiguo caravanserai) que hace honor a su nombre, que significa “decorada con oro” y que durante mucho tiempo albergó la mezquita más importante de la ciudad. A un lado, la madrasa de Ulugbek, del siglo XV, que recibe el nombre del nieto de Tamerlán y alude en su decoración, más sobria y geométrica, a su pasión por la astronomía. Enfrente, la madrasa de Sher-Dor, del siglo XVI, con su sorprendente decoración con soles y con lo que en la época se entendieron como leones, algo inusual en la cultura islámica que no representaba ni animales ni figuras humanas.

Un paseo hacia el mercado

Desde la plaza del Registán se puede ir caminando al mercado de Siyob por un agradable paseo que ayuda a fijar en la memoria todo lo que acabas de ver. Antes de llegar aparece otro de los tesoros de Samarcanda: la Mezquita Bibi-Khanym, construida por Amir Timur a principios del siglo XV en honor de su primera esposa. Su fachada es inmensa y da paso a un bonito patio ajardinado.

Mezquita Bibi-Khanym. © Susana García
Mezquita Bibi-Khanym. © Susana García

Al lado comienza el mercado, donde se suceden los puestos de frutas, frutos secos, especias y tés que no podrás dejar de comprar. Con una parte dedicada a ese maravilloso pan que se come en todo Uzbekistán y que podrás comprar por muy pocos som (la moneda local).

Mausoleo Gur-e-Amir

Fuera del maravilloso entorno de la plaza de Registán hay otros lugares imprescindibles en Samarcanda y uno de ellos es el Mausoleo Gur-e-Amir. Fue construido a principios del siglo XVI como mausoleo para la dinastía de los timúridas y ahí se encuentran enterrados Tamerlán y su familia. La riqueza de la decoración del interior te deja boquiabierta y, en el exterior, su cúpula azul estriada se lleva todas las miradas.

Cúpula del Mausoleo Gur-e-Amir. © Susana García
Cúpula del Mausoleo Gur-e-Amir. © Susana García

Observatorio de Ulugbek

Nieto de Tamerlán, Ulugbek estuvo también al frente del imperio timúrida, pero más preocupado por la ciencia, y en concreto por la astronomía, que por las guerras de conquista. En el siglo XV construyó este observatorio adelantado a su tiempo, que incluía un sextante de cuarenta metros de radio, que se puede ver en parte hoy en día, y con el que midió con extraordinaria precisión la ubicación de las estrellas (sin telescopio). Además, es muy interesante el museo instalado en el observatorio que explica la interesante vida de este gobernante y de otros científicos de la época.

Necrópolis Sha-i-Zinda

Para cerrar el viaje, queda un sitio muy especial y tremendamente mágico: la necrópolis de Sha-i-Zinda donde, a lo largo de una estrecha avenida, se suceden mausoleos de familiares de Tamerlán y de nobles construidos entre los siglos XI y XV. El más famoso es el que alberga la tumba de Qusam ibn Abbas, primo de Mahoma, que según se cuenta es quien llevó el Islam a la región. No puede haber mejor broche que pasear despacio por este lugar para empaparse, por última vez, de los reflejos azules que te han acompañado a lo largo de todo tu viaje por Uzbekistán.

Necrópolis Sha-i-Zinda. © Susana García
Necrópolis Sha-i-Zinda. © Susana García

Guía práctica de Uzbekistán | Preguntas frecuentes

Cómo llegar

La forma más directa de llegar a Uzbekistán es con Turkish Airlines, con escala en Estambul, que tiene vuelos a Taskent y Samarkanda, lo que permite empezar la ruta por una ciudad y terminarla en otra. Además, algunos touroperadores españoles cuentan con vuelos directos en temporada alta desde varias ciudades españolas.

Cómo moverse

Uzbekistán cuenta con una buena red de transporte que incluye carreteras (en constante mejora), tren de alta velocidad (que crece cada año) y avión. Si viajas por tu cuenta lo mejor es combinar el avión para el trayecto de Taskent a Jiva y coche de alquiler por el resto de las ciudades. Actualmente, las plazas en tren de alta velocidad están prácticamente en manos de los operadores turísticos y no salen apenas al mercado, por lo que sólo podrás acceder a ellas si vas en un viaje organizado.

Un consejo: un país con tantas claves culturales se aprecia y se disfruta mejor con un guía turístico. Touroperadores como Icarion cuentan con circuitos turísticos en grupo o en privado. También puedes combinar el viaje por tu cuenta con excursiones guiadas puntuales.

Cómo organizar una ruta

En los viajes hay que pensar cómo quieres abordar sus destinos principales para que sea una experiencia in crescendo. Una buena ruta para siete noches es la que comienza por Taskent, sigue por Jiva (se llega en avión), después a Bujará por carretera (actualmente unas seis horas de trayecto) y termina en Samarcanda, donde se puede llegar en tren de alta velocidad (si vas en viaje organizado) o en coche (cinco horas). Así acabas con la maravillosa capital de Tamerlán como broche final perfecto para el viaje.

Dónde dormir

La oferta hotelera no para de crecer y cada año se inauguran hoteles nuevos. Puedes encontrar desde hoteles de lujo hasta hostels. Una buena selección hotelera para la ruta es el Hilton en Taskent, el Farovon en Jiva, el Wyndham en Bujará y el Mövenpick en Samarkanda.

Qué comer

La cocina uzbeka es sabrosa, realizada con productos de temporada y con influencias de las cocinas turca y rusa. El plato nacional es el plov, un arroz con verduras, pasas y carne de ternera o cordero. Son muy populares las distintas sopas, las ensaladas (deliciosas las de remolacha y berenjena) y los manti (empanadillas al vapor con carne o verduras). La carne se toma guisada o en forma de brochetas y el pan (non) está presente en todas las mesas. Los postres a base de miel, hojaldre y frutos secos tienen una clara influencia turca, y el té está presente en todas las comidas.

Artesanía

Es fácil pensar que en un lugar por el que pasaban las Rutas de la Seda haya recibido la influencia necesaría para dominar distintas disciplinas artesanas. Uzbekistán destaca, por supuesto, por el trabajo de la seda, con maravillosos diseños y distintos acabados. También son excelentes los bordados, el trabajo de la madera (sobre todo en Jiva), las alfombras y la artesanía del metal. Con el mundo globalizado en el que vivimos, las imitaciones también han llegado a los mercados uzbekos, así que si quieres trabajos originales y realmente artesanales acude a las tiendas oficiales o pregunta a los guías. Merece la pena aunque el coste sea algo mayor.

Excursiones

Si dispones de más días puedes alargar el viaje añadiendo el valle de Ferganá para conocer la maravillosa tradición artesana del país; o el mar de Aral, un viaje para aventureras que quieran conocer con una ruta en todoterreno el desastre ecológico que ha supuesto la desaparición de este mar interior .

Algunas propuestas de Civitatis son:

Tour privado de 2 días por el valle de Ferganá.

Excursión privada de 3 días a Samarcanda y Bujará.

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