
Dos sabores de Lisboa del siglo XIX que han sobrevivido al paso del tiempo
Lisboa invita a ser amada sin prisas, sentida en la tristeza de cada fado, recorrida con parsimonia en los tranvías y admirada en cada fachada de azulejos, pero si se busca saborearla no hay nada como un sorbo de ginjinha o un mordisco de un pastel de nata, con su leve crujido y su dulce crema.
por Pepa G. Marín





























